Gabriel Muñoz Cascos.- El título de este escrito se debe interpretar como el grito más enérgico e imperativo que se haya emitido jamás por garganta humana. No es un grito de desesperación, pero casi. Es un grito de indignación y repugnancia por unos seres que vienen cachondeándose de España y de los españoles, desde hace muchos años. Es un grito de petición, casi de exigencia, para que se cumplan, con todas sus consecuencias, y sin esperar ni un minuto más, todas las previsiones que haya en nuestra Constitución y leyes complementarias, suplementarias, civiles y militares, y si es necesario, por tierra, mar y aire, para echar de Cataluña a toda esa gentuza ladrona, embustera, insolidaria y despreciable que tiene -desde hace décadas- engañada, y aco … gotada a la inmensa mayoría de catalanes decentes, tan tibios, sufridos e inanes, como el resto de españoles que hemos aguantado mucho más de lo prudente, yo diría que demasiado, a estos independentistas, fascistas y prevaricadores.

 
¿Qué a quién dirijo este meditado grito? Pues al gobierno de España, legalmente constituido, que tras agradecerle -en justicia- que nos haya sacado de una crisis tan terrible como encontró en el año 2011, y colocado a la cabeza de Europa en creación de empleo y PIB, ahora no tendrá más remedio que coger al toro por los cuernos y liderar el urgente desalojo en Cataluña de todos los prevaricadores, ladrones y embusteros que la están arruinando.
Si algún otro partido, además del PP, quiere sumarse a esa solución, con toda seguridad, tendrá el reconocimiento de todos los españoles. Los que no se sumen, allá ellos; la historia les juzgará por su tibieza. Por mi parte, Sr. Rajoy, expresado queda, o, dicho de otro modo, ¡¡gritado queda!!: ¡¡¡Ni un minuto más!!!

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