Bibiana
Aido, Ministra de igualdad en la segunda legislatura de Zapatero
Desde hace más o menos
40 años, se ha instalado en nuestra sociedad una especie de relativismo
político, en el que nuestros máximos dirigentes, ya no son grandes y
competentes profesionales que realizan tareas legislativas y administrativas
con el fin de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Se han convertido
en virtuosos de la moral y predicadores de lo correcto, es decir lo que se
trata de dilucidar es quienes son los buenos y quiénes son los malos, quienes
detentan la autoridad moral y quienes son hijos de “Satanás”. En este
contexto la izquierda, se ha movido como pez en el agua, en gran parte gracias
a la ayuda de una derecha que se ha sentido acomplejada bajo los fantasmas del
franquismo y que no ha sido capaz de contestar con autoridad racional a los
planteamientos inequívocamente erróneos de la izquierda española.
Si algo caracterizaba
los sistemas normativos de la Europa continental era la arraigada
homogeneización de los valores resultantes de la revolución francesa, como la
meritocracia frente al nepotismo, o la supremacía de la razón frente a las
emociones. Todo esto se ha venido abajo como consecuencia de un Marxismo
cultural que divide la sociedad entre los puros y auto proclamados autoridades
morales, como la actual alcaldesa de Barcelona, y los viles y mezquinos villanos,
generalmente políticos de derechas o… lo que queda de ellos.
El exponente de este
cambio en España fue Rodríguez Zapatero,
a finales de 2004  se promulgó y se
aprobó en el parlamento , gracias a los votos favorables del Partido Popular,
la Ley Integral contra la Violencia de Género. Esta ley nos indica que los
españoles, ya no somos iguales ante la justicia y define a los hombres como
criminales genéticos y a las mujeres como seres de luz incapaces de hacer daño
alguno. En la facultad de derecho, nada más comenzar, los profesores
constitucionalistas, exponen que las fuentes del derecho son la ley y la
costumbre, pues bien a partir de 2004 la palabra de una mujer se convierte en
ley, al ser considerada como verdad absoluta. De igual manera, ha dado lugar a
numerosas denuncias falsas por violencia de género, ya que aunque el Ministerio
Fiscal y otras entidades públicas se empeñen, de forma enternecedora, en
decirnos que son el 0,0000000000000000001 de total de las denuncias, no debemos
olvidar que  el 70% de estas denuncias
acaba en sobreseimiento libre y no se abre deducción por falso testimonio por
parte de la fiscalía.
Más tarde y en la misma
legislatura, se aprobó la ley de memoria histórica o de “revanchismo
histórico”, donde personajes como Santiago
Carrillo
pasaban a ser parangón del buen hacer humano y el acontecimiento
de Paracuellos del Jarama se considera poco más que una fiesta de piratas
disfrazados.
Para la ejecución de
estas leyes y para convertirlas en socialmente aceptables,  se empezaron a crear observatorios e
institutos de la mujer, hipersubvencionados con dinero público y carentes de
auditorías de gestión que nos digan a donde se destina del dinero. De igual
modo, aparecen cadenas de televisión cuyas licencias fueron otorgadas para el
adoctrinamiento político, sin ningún tipo de oposición. Es el caso de la Sexta,
con el humilde y comunista Jaume Roures dirigiendo la cadena y el ingeniero
social George Soros invirtiendo parte de su inmenso patrimonio. Así las cosas,
nos vemos gobernados, no por políticos preparados o intelectuales sino por
personas que se autoproclaman “los ungidos” de la moral y protectores
de la buena fe.

 

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