Monti.- De haber intuido el Sr. Tarradellas el derrape hacia el nazismo que sufriría una parte de la clase política catalana dominante, este hubiera salido huyendo despavorido de su querida Cataluña. Ya advirtió Tarradellas que el Pujolismo corría el peligro de derivar hacia un Estado totalitario. Por eso, los políticos sedicionistas jamás defienden en sus discursos los intreses de los ciudadanos de Cataluña: el separatismo no deja de ser un engañabobos, porque lo que centra la pasión de sus líderes es el dios Estado. Ante el  presente panorama puede que Tarradellas jamás hubiese pronunciado, a su vuelta del exilio, su famosa frase: “ya sóc aquí”, léase como “ya estoy aquí; sino “me´n vaig”; me voy”. A Tarradellas le repugnaba el nazismo y no hubiese soportado verla en manos de fascistas.

La visión del papel de Cataluña en la España de Tarradellas y la de Pujol eran antagónicas: mientras que para el primero la inclusión de Cataluña en España estaba fuera de toda duda, y del bienestar de los ciudadanos catalanes formaban parte del su planteamiento político, Pujol solo mantenía al respecto una ambigüedad calculada con objeto de arrebatar concesiones al Estado. Su única obsesión era sustraer grandes masas de un dinero que jamás llegaría a la ciudadanía, y las competenias que pudiese arrancar al Estado mediante el chantaje sistemático para acumular poder. La adoración del Estado por parte de Pujol hizo que él y los suyos solo quisieran más Estado para Cataluña, y la libertad o bienestar de los ciudadanos jamás estuvieran en sus planes. Los catalanes mesmerizados le votaban porque consideraban que más competencias para cataluña equivalía a más bienestar ciudadano.

La realidad ha sido  todo lo contrario a lo que los medios contaban a los catalanes en unas televisiones, radios y periódicos totalmente controlados desde el poder de la Generalidad. Tal ha sido el adoctrinamiento conseguido que los de la estelada no aman a Cataluña: aman la idolatría del Estado y el control del Estado mediante el poder ejercido por sus adoradas clases dirigentes. Ojalá fuesen nacionalistas de verdad, porque entonces tendrían algún tipo de ideología; pero la realidad es que son estatalistas puros y duros.Tan estatalistas como lo fueron Hitler o Stalin. Y ellos han hecho creer que llevar una bandera española equivales a ser fascista. Los nazis usando su propaganda para llamar fascista a un patriota.

Luis XIV tuvo la valentía de pronunciar una frase que ha quedado para la posteridad: “el Estado soy Yo”. Pujol dijo lo mismo, pero sin la valentía y gallardía de Luis XIV cuando desde el balcón de esa corrupta institución llamada la Generalidad pronunció: cuando me atacan a mí están atacando a Cataluña, Pues sí Sr. Pujol, El Estado soy yo. Tuvo Vd. razón. Pero no olvidemos que dentro de la visión personal de Pujol de “el Estado soy yo”, por extensión dicha filosofía ha pasado a todos los sedicionistas. Si alguien arremetía contra Pujol, los corruptos medios de comunicación arreciaban el mensaje del victimismo del pujolismo, y así asuntos como la corrupción de Banca Catalana quedó bajo el paraguas de la impunidad. El Estado soy yo, decía Pujol, y todas las corrupciones de su partido quedaban impunes. Y los estatalistas (me niego a llamarles secesionistas) se apuntaron a la orgía de poder y dinero. El resultado de esa corrupción consentida desde España fue Pujol 1 España 0. El triunfo del nazismo en su estado más puro y del pensamiento único que continuó desde un control férreo de los medios, adoctrinamiento en la escuela de adoración a las instituciones del Estado Catalán, por corruptas que fuesen y el odio al enemigo inventado ha sido el triste resultado en el que ha acabado Cataluña.

No sé si alguna vez esa parte de España podrá salir del nazismo, pero que el nazismo esté en una parte ya institucionalizada y no se aplaste de raíz es preocupante para el resto de España.

El nazismo es contagioso.