Miguel Camuñas.- Sería absurdo no llegar a un consenso a favor de una
legislación que salvaguarde la vida de los animales. Sin embargo, no estoy de
acuerdo en el modo en que están procediendo los animalistas, pues me parece que
poco a poco esta ideología comienza a tomar fuerza dogmática y sórdida,
llenándose de intolerancia y violencia con amenazas de ser incendiaria. Y que
el ser humano encuentre un motivo más de disputa en la forma de proteger los
derechos de los animales.
El papa Francisco criticó a quienes “exageran el
interés hacia los animales” mientras quedan “indiferentes ante el
sufrimiento del prójimo” durante la audiencia jubilar en la Plaza San
Pedro.
“Hoy se debe estar atentos a no confundir la piedad con el pietismo, que
consiste sólo en una emoción superficial, que no se preocupa del otro”,
manifestó el pontífice.
“Tampoco se puede confundir con la compasión hacia los animales, que
exagera en el interés hacia ellos mientras deja indiferente ante el sufrimiento
del prójimo”, completó.
“Cuántas veces vemos gente tan ligada a los gatos
y perros y luego dejan librado al hambre al vecino y a la vecina”.
La nobleza del animalismo consiste en la búsqueda y
defensa de los derechos animales, sin embargo, el modo en que está procediendo
se vuelve cada vez más violento. Denuncian los actos violentos que sufren los
animales pero lo hacen llenos de odio. Las personas afines a esta ideología en
vez de buscar un consenso racional que permita la legitimación de los derechos,
utilizan la fuerza y la intolerancia, como el caso del alemán que es golpeado
por haber maltratado a su perro, y luego alguien subió la fotografía de cómo
quedó el sujeto después de la paliza, con el fin de mostrar el repudio al
maltrato animal.
Hay una frase naturalista, lapidaria sobre el tema: “El
respeto del hombre hacia los animales es inseparable del respeto de los hombres
entre ellos mismos”.