Antonio Novo Medinilla.- Hace veinte días la luz se apagó. El sol dejó de iluminar mi
cara. Me sumergí en unas tinieblas, donde la negritud era total. No conseguía
distinguir ni el más mínimo destello dentro de un firmamento negro. Es difícil definir esta situación, que no sé aún si será permanente. Desde el momento de mi “fundido a negro” sólo oigo voces, sonidos, ruidos. La televisión, la radio, mi familia, pero yo estoy como en
una cápsula negra. Me da la impresión de que como yo no veo, no me ven.
No puedo realizar mis actividades cuasi profesionales, como escribir en Internet, y eso es algo que me está matando. No poder leer significa no poder escribir, informarme, documentarme, debatir, rebatir. Alejarte de la lectura es alejarte
de todo y de todos.

 

Esta maldita experiencia me sirve para captar la esencia de lo que
siente un invidente y llegar a comprenderlo más allá de la empatía que
cualquier persona siente con todos aquellos que no pueden ver.
No sé cómo acabará esto. Espero tener suerte y
salir de esta como de otras enfermedades de las que he salido en mi vida. De
momento, la sensación de indefensión es total. No me encuentro capaz de
expresar todo esto. Es una sensación de vacío terrible. Aislamiento.
Incapacidad para realizar las tareas más habituales y sencillas. Sentirte ausente, lejos. No ver es también sentir que no te ven.