Hoy comienza el circo de ETA, mediante el cual los asesinos quieren hacernos creer que, ya desarmados, se reincorporan a una sociedad democrática como gente de paz y normalizada. Pretenden que por el hecho de presentar unas pistolas que son pura chatarra y unos explosivos ya con eso restituyen el dolor, el daño causado a las víctimas y que son uno más dentro del panorama español. style=”display: block;” data-ad-format=”auto” data-ad-slot=”7261816399″>

Este desarme, que en mi opinión no me extrañaría que culminase con un anuncio de disolución que podría conocerse quizás el Domingo de Resurrección, ” DIA DE LA PATRIA VASCA O ABERRI EGUNA” no es cuantificable, porque los terroristas, no lo hacen ante las autoridades gubernamentales y policiales españolas, ni piden perdón a las víctimas por el daño causado, ni esclarecen lo ocurrido con esos cerca de trescientos casos sin resolver que angustian y hacen sufrir a los familiares. La pantomima tiene lugar ante unos supuestos mediadores, que no sabemos ni quiénes son, ni lo que cobran, ni por qué están ahí; y que sin duda deberían de ser investigados por los jueces para esclarecer cuál es su verdadero papel en esta historia tan vergonzosa y lamentable.

Para que la disolución y fin de Eta sean creíbles, en primer lugar, se debería garantizar que en los pueblos y ciudades vascas no se continuará manteniendo ese clima de acoso hacia cargos públicos por ser españoles, que esas supuestas asociaciones culturales que tienen dejaran de generar odio entre los ciudadanos; y sobre todo, cuando esclarezcan de dónde sacan o han obtenido sus fuentes de financiación que durante años han consistido en la extorsión a empresarios con su mal llamado “impuesto revolucionario”. ETA debería restituir todo ese dinero para la ayuda de las víctimas como reparación de sus criminales fechorías, y estar dispuesta a aceptar las condiciones que le imponga la sociedad.

Lo cierto es que ETA está derrotada militarmente, pero no social y políticamente; siendo la razón de toda esta pantomima sus presos, esos criminales que están cumpliendo condena en las prisiones españolas no por ser santos precisamente, sino por asesinos. ETA quiere acercarlos a tierra vasca, para seguir manejándolos a ellos y a la sociedad, para seguir teniendo ese nauseabundo lenguaje en las instituciones y así intentar llegar al poder manipulando la realidad, su ficticia realidad. Eso, la gente de bien y los partidos de la democracia no lo deben consentir, puesto que ya durante cuarenta años de democracia ETA ha distorsionado sobradamente la política española.

También quiero dirigirme a los socialistas vascos, quienes se han prestado a una humillante foto junto a Otegui, olvidándose de Enrique Casas, Fernando Buesa, Fernando Múgica, Joseba Pagazaortundua y tantos otros, que han dado su vida por la libertad y la democracia, para que respeten la memoria de sus compañeros y ejerzan de socialistas y no de ese residuo de nacionalistas vascos que provenientes de Juan María Bandrés, se incorporaron a un partido digno y respetado; y que por sus actos, está dejando de serlo, para tristeza de muchos de sus miembros que han tenido a gala luchar por la libertad con dignidad, orgullo y patriotismo.

Finalmente, para que nadie se olvide quiero dejar claro que somos muchos los vascos  de honor que hemos sufrido a ETA con sangre, dolor y lágrimas; pero que tenemos una fuerza y ganas de lucha irreductibles contra ETA y todo lo que supone, porque el cariño a nuestras víctimas es el alimento y la fuerza que necesitamos para seguir fortaleciendo la democracia y a nuestra amada España.