Editorial El Diestro

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Vale,
así que en una
ceremonia del Pentágono el viernes pasado, el Presidente Trump
anunció acciones ejecutivas que se
traducirían en una amplia
reconstrucción militar
estadounidenses y un proceso de investigación más riguroso para la
entrada de los refugiados. “No los
queremos aquí”, dijo Trump refiriéndose
a los terroristas islámicos durante una
ceremonia de firma en el Pentágono. “Queremos asegurarnos de
que no estamos admitiendo en nuestro país las amenazas reales contra
las que nuestros soldados están luchando
en ultramar. Sólo queremos admitir a aquellos en nuestro país que
apoyarán a nuestro país y amarán profundamente a nuestro pueblo
“.

Una vez más, esto no tiene nada que ver con el
populismo. Tiene más que ver con el sentido común y tratar de
proteger a la gente de América en primer lugar. Tiene más que ver
con un líder que dice la verdad desnuda
a la gente; algo
que tal vez nunca ha ocurrido desde los tiempos del Renacimiento
según Trevijano.
Al dinamitar en pedazos
la corrección política, Trump sin duda está trayendo un nuevo aire
fresco contra la vieja política estancada y
deshonesta
del
establecimiento. Trump está en sintonía con los intensos
sentimientos de la clase obrera sobre cómo los estadounidenses han
sido olvidados en las ayudas sociales debido al racismo positivo, a
la expoliación por ayudas de todo tipo
en el extranjero, a las necesidades de su pueblo, a poner
las ayudas de los emigrantes ante el
pueblo que paga impuestos. La corrección
política nos
lleva al 1984 de Orwell,
una novela que representa a una
sociedad distópica
sin libertad de expresión y pensamiento en la
que nadie se atreve
a expresarse libremente incluso
en la intimidad de su hogar.

En nuestro mundo real, los
inquisidores están por ahí acechando en las calles, en el trabajo,
en el banco, en el bar.
Tienes que tener cuidado con lo que dices o piensas. Y
tiene razones para sentirse
francamente
receloso de
expresar cualquier retórica políticamente incorrecta en público
porque alguien podría incluso demandarle
si le oye. La sensación de desprotección
que los líderes en Europa han negado celosamente
a sus ciudadanos debido al
desplazamiento
masivo de refugiados
se ha traducido en violaciones masivas y
otras tropelías absolutamente coordinadas por inmigrantes descontrolados, además de en atentados terroristas.
Y aunque evidentemente pocos sean culpables, hay una diferencia
entre aceptar a
una comunidad extranjera y
llegar a
convertirse en una minoría en tu propio país, pues resulta imposible acogerlos a todos. Las razones del choque entre
las decisiones ejecutivas de Trump y las políticas
del sistema
pueden considerarse por
la impregnación de la socialdemocracia, que Obama siguió tan
suavemente y
Trump tan firmemente rechaza.

El colapso total de la Unión
Soviética con el colofón de
la caída del Muro de
Berlín produjo el
sentido emocional de una pérdida
absoluta por parte
de quienes seguían al buque insignia del
experimento socialista. Pero los
socialistas son personas avezadas
en la manipulación y
el uso de la propaganda, y durante cuarenta años han estado usando
los medios de comunicación, día sí, día
también, para predicar una nueva religión
sin dios a los países occidentales que sustituyese al fracasado socialismo: la socialdemocracia.
Si nos fijamos, ambos términos son incompatibles. Al parecer, nadie podría negar que la nueva religión sugirió la
solidaridad, el
apoyo, la
generosidad o la
comunión entre la gente de este mundo. Y
nadie puede negar que esos son buenos valores culturales éticos
y universales, pero las maquinaciones corruptas estaban subyacentes en
la oscuridad en el negocio de la corrección
política. Lenin fue sorprendido en su
cómoda estancia en Suiza
durante la Primera Guerra Mundial
cuando esperaba
con impaciencia que los soldados alemanes y británicos no
dispararían los
unos contra
los otros debido que
compartían su condición de clase trabajadora unidos todos en un
mismo mundo tal como recetaba la causa del
Manifiesto Comunista. Cuando apareció la realidad en toda su brutalidad, esa fue la
piedra angular de la caída del experimento
socialista que terminaría en el colapso
del Muro de Berlín. Pero la idea subyacente en la mente de Lenin era
la globalización, incluyendo un gobierno central en control.
Curiosamente, se trata de la
misma idea que el Islam tiene para un mundo unido por
un califato
común. Desafortunadamente para el mundo
libre, la globalización es el factor común aquí y
para los zelotes de ambos lados el enemigo común es nuestra
civilización occidental. De ahí a su aparente unión y mutua defensa en este primer estadio de la lucha. Y en este punto volvemos al conflicto de civilizaciones que
divisó Hutington con tan buen tino. Leer en Inglés

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