Se está convirtiendo en viral el zasca de Risto Mejide a Gabriel Rufián en la campaña que se está realizando para promocionar su nuevo programa. En el mismo, Rufián tiene que enseñar la etiqueta de su chaqueta con la que demuestra que está comprada en la “Zara” de su odiado Amancio Ortega. Y eso a pesar de las encendidas críticas del separatista al fundador de la compañía a la que tanto critica, pero de la que es cliente.

Cuando se tienen unos principios y se difunden a los cuatro vientos lo lógico sería mantenerlos contra viento y marea. Pero esto no sucede así con Rufián, e imagino que con la mayoría de críticos con la compañía de Amancio Ortega. Se acusa a Inditex de promover, prácticamente, la esclavitud en el tercer mundo, donde se fabrican la mayoría de sus prendas, pero eso no importa cuando quien tiene que gastarse el dinero es uno de sus críticos. La pela, es la pela, habrá pensado Rufián y muchos como él, y mejor comprar lo más barato posible cuando el dinero es el propio.

El asunto de Rufián con su chaqueta de Zara podría parecer una simple gracia o una tontería, pero no lo es. Presumir y defender algo para los demás que el denunciante no aplica para uno mismo demuestra la clase de persona de la que estamos hablando, más si es político. Demuestran utilizar una estrategia manipuladora y demagógica para conseguir unos fines políticos y su propia promoción personal. Demuestran carecer de principios y demuestran, también, que a ellos poco les importan los medios con tal de conseguir el fin deseado, su beneficio personal.

Si Amancio Ortega es la persona más rica del mundo y su compañía una de las más importantes tanto de España como a nivel mundial es por algo. Su modelo de negocio funciona y gusta. Sus “esclavizados” empleados del tercer mundo desean seguir trabajando para él y hasta sus mayores detractores y críticos, son clientes suyos. Rufián no quiere ser español y odia todo lo relacionado con España, pero sigue a rajatabla uno de los pecados capitales de los que se nos acusa a los españoles, la envidia. Es así de simple, tienen una envidia que les ciega contra Amancio Ortega y todo aquél que triunfe gracias a los frutos de su esfuerzo. Pero para eso hay que trabajar, Rufián. Ya, ya sé que esa palabra no va contigo, pero es lo que hay.


Vía “Diario de un Superviviente Arruinado”

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