Oleoducto de Keystone

Si ya apuntamos en cierta ocasión que Trump había cometido el gran pecado de llamar al pan, pan y al vino, vino podemos deducir que este pecado implica otro mucho mayor y aterrador, pero para las oligarquías dominantes de Europa. Trump ha cometido una aberración consistente en que el hombre más poderoso de la tierra diga la verdad. Y resulta que no ha dicho la verdad porque sea un intelectual que ha pensado “basta ya de mentiras”. Qué va, Trump no tiene la cultura de un hombre de universidad (me refiero a una universidad como Harvard o Yale) porque Trump es simplemente un hombre inteligente que sabe cómo funciona el mundo de los grandes negocios, tiene una gran intuición para localizar dónde está el problema, ha hablado de esos problemas con sus iguales; otros hombres de negocios y una vez que lo ha conseguido todo en la vida ha pensado “voy a hacer algo por mi gran país”. Trump, guste o no a la corrección política es un patriota, pero antes ha demostrado ser un gran empresario. Sabe llegar a una empresa y ver por qué está en bancarrota, sabe dónde están los fallos, qué sobra en esa empresa y qué falta; y es capaz de reflotar la empresa. Lo ha demostrado varias veces. Y a estas alturas de su vida sabe qué errores evitar y qué soluciones aportar.

Un verdadero empresario, aunque se haya peleado con su ingeniero jefe, si es un verdadero empresario inteligente, cuando considera que ese es el mejor ingeniero jefe para su empresa no lo echa porque se haya llevado mal con él: le sube el sueldo. Vamos, que trasladándolo a nuestra escena doméstica no se le ocurre la imbecilidad de decirle No es NO. Algo así solo lo hace alguien completamente mediocre o un pobre hombre.
Ese pragmatismo es el que Trump ha utilizado al formar su equipo de gobierno. No importa que el jefe de la CIA James Comey haya sido de las personas que más le atacó durante la campaña electoral y peores cosas dijo de Trump. Si Trump considera que es el mejor para comandar el cargo de la CIA, para Trump es el mejor para beneficiar a América; así que acorde con su sentido práctico lo mantiene en el cargo. Ello le ha permitido presumir, incluso chulear…, porque le gusta chulear, afirmando que el equipo que ha formado: “es el que probablemente suma mayor coeficiente intelectual de toda la historia de los Estados Unidos”, y seguramente no le falta razón.

Por lo tanto, bien decía el recientemente estrenado presidente de los Estados Unidos que basta de ser dirigidos desde Washington por un establecimiento (establishment), que no hace más que hablar, hablar y hablar; preocupándose solo por sus intereses personales mientras el trabajador medio americano no llega a final de mes. Para él se trata de acción, acción, acción y acción con los problemas localizados y sabiendo qué sobra y qué falta en EE. UU. Con cuatro firmas les ha quitado el caramelo de la boca a los ecologistas políticamente correctos ordenando la reapertura del oleoducto de Keystone, pues informes técnicos aseguran que no representa un peligro mayor para el calentamiento global que otro tipo de actividad. De un plumazo 28.000 puestos de trabajo. Así que aunque no solucione el abastecimiento de crudo para EE. UU. sí ayudará a no depender de los emiratos árabes. Además, las tuberías no las importarán sino que se fabricarán en América, con lo que los puestos de trabajo aumentarán. Resulta que Keysotone no era más que un símbolo para los verdes. La primera en la frente. Obama se atuvo a la corrección política indigenista como un Zapatero más habría hecho, Trump ha ido a lo práctico. También ha anulado de un plumazo el tratado de comercio entre Asia y EE. UU., pero en cambio ha reabierto otro tratado que si tiene una larga tradición histórica: el tratado de libre comercio entre Reino Unido y Estados Unidos, cuya existencia era anterior a la primera guerra mundial. Encima, sumará a Rusia; con lo que mantener la OTAN no tendrá ya ningún sentido y puede que tampoco mantener la UE (Unión Europea) porque GB, con la aplicación del Brexit, sin ninguna zozobra por parte de Teresa May de recibir represalias desde Europa:  o sea, de Francia y Alemania (junto al pobre arco Mediterráneo) tiene la tranquilidad de abandonar Europa como quiera y cuando quiera con el respaldo de Trump.
Mas problemas se suman para Alemania y Francia con el monstruo del populismo (no el populismo de charanga que tenernos aquí) sino el de verdad en ciernes. Por lo tanto, sin proponérselo, lo que Trump ha atacado es algo mucho más profundo en Europa y es lo que le está produciendo un verdadero miedo a las oligarquías: es la cultura europea basada en el terror que de forma falsa han mantenido sobre la guerra fría. Una guerra fría que ya solo existía para mantener los intereses de las élites europeas; porque esa guerra había acabado mucho antes del derrumbe del muro de Berlín. La guerra fría no ha dejado de ser un valor cultural de cohesión para Europa. Obama lo mantuvo y Hillary lo potenció hasta extremos muy peligrosos.
Si admitimos que los medios de comunicación, los medios informativos, no han estado haciendo otra cosa que mentirnos, el zasca dado a la cultura europea sostenida por la guerra fría por parte de Trump ha sido de órdago. Los medios de comunicación (prensa, radio, TV o RR SS, constituyen la parte más superficial de la cultura. Y esa cultura superficial nos está martilleando constantemente que el enemigo público número uno es Trump. Falta de realizar un análisis más profundo, o por ignorancia o por omisión de la verdad.