Estamos acostumbrados a ver y a leer cosas ñoñas e irreales. En la televisión, en la publicidad, en las redes sociales. Lo más importante es el amor, la felicidad, la vida, la salud, el cariño de los tuyos, la solidaridad, el amarnos los unos a los otros…todo mentira. Lo más importante en este rastrero mundo es el dinero, punto y final. Todo se mueve por dinero en este mundo, es el alfa y el omega de todos, la felicidad se basa en la situación económica y todo lo demás son pamplinas. Incluso el propio fin de esa publicidad, programas de televisión o historias son el dinero, no hay más. Triste realidad, pero realidad absoluta al fin y al cabo.

¿Alguien se imagina lo duro que tiene que ser para un niño de cinco años que su padre haya muerto y más si ha sido a causa de un suicidio? Duro no, durísimo, ¿verdad? Pues al estado español, a nuestra querida hacienda pública lo único que le importa es que ese hombre, que se quitó la vida por su ruina económica, le debía 17.000 euros. Y ni corto ni perezoso este estado, que pone una alfombra roja a todo aquel que venga de fuera, declara a ese niño moroso y le reclama al niño la deuda de su padre. Deuda que repercutirá a su madre, también arruinada, al ser esta la tutora legal del niño. En el país de los continuos escándalos públicos, de la corrupción política infinita, son los propios corruptos los que se ocupan de perseguir hasta después de muertos a los ciudadanos españoles, por supuesto.

¿Es este el supuesto estado del bienestar? ¿De qué bienestar? ¿Del bienestar de un pobre niño de cinco años que acaba de perder a su padre de esa forma? ¿Del bienestar de esa madre que bastantes problemas tendrá ya para salir adelante con todo lo que lleva ya en su mochila? Indecencia es lo que es todo esto. Indecencia además permitida por todos nosotros, que deberíamos poner pie a tierra y decir que ya estamos hartos, que basta ya de esta tomadura de pelo.

Nadie estamos libres de que en un futuro nos pueda suceder algo así. La vida es larga y nadie estamos a salvo de las desgracias. No podemos seguir asistiendo impasibles a todas estas injusticias, a todas estas desvergüenzas y no decir nada. El día que le toque algo similar a alguno de nosotros nos preguntaremos el motivo por el que nadie hace nada. Que se pregunte entonces que hizo él cuando le pasó al de al lado.

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