El otro día me llamó la atención un comentario que le estaba haciendo una señora mayor, con pinta de santurrona, a una amiga. La señora toda digna le estaba hablando a su amiga de una llamada comercial que había recibido en su casa y como despedía a la persona que le llamaba con cajas destempladas. “Y le dije: no necesito nada, váyanse ustedes a la porra”. Me llama la atención este tipo de respuestas, aunque haya empresas muy pesadas al teléfono, puesto que para una persona normal hay dos tipos de respuestas sencillas ante una propuesta: si o no. Estamos hablando, además, de contestar de una forma maleducada y soberbia a alguien que sólo está realizando un trabajo, trabajo con el que mantiene a su familia. Ese trabajo que esa señora, seguramente, defendería con uñas y dientes si la que hubiera estado al otro lado del teléfono hubiera sido, por ejemplo, su hija.

Presumimos mucho de solidarios en este país, pero no nos damos cuenta que en ocasiones la solidaridad no consiste más que en simple educación, como en el caso de la señora citada anteriormente. Entendemos la solidaridad sólo cuando la persona a atender está en las últimas y, sobre todo, cuando el que se va a solidarizar puede obtener la publicidad necesaria. Atender a una persona con educación cuando sólo está realizando su trabajo es una muestra de solidaridad que, quien realiza ese trabajo, agradece casi tanto como si la venta hubiera sido exitosa.

No se tiene respeto por nadie y, menos todavía, si ese alguien realiza un trabajo de lo más digno como es el intentar vender algo. Consideramos a esa persona un muñeco de pim, pam, pum, al que creemos que podemos decirle lo que nos de la gana porque siempre va a mantener su sonrisa y educación con un fin último, vender. Y no nos vayamos ya al extremo de las señoritas o caballeros que hacen llamadas telefónicas, seguramente mucha gente se haya fijado en el trato recibido por los top manta, el comprador siempre va de listo y a hacer una exhibición ante los espectadores de regateo, unos auténticos retrasados mentales.

La solidaridad no es sólo dar 10 euros para un niño africano o apadrinarle, es mucho más fácil e incluso gratis en la mayoría de ocasiones. Menos presinarse y más educación es lo que hace falta.