Uno de los capítulos más chocantes del libro de F. A. Hayek, “The Road to Serfdom”, o Camino de servidumbre es el titulado “Why the Worst Get on Top” o ¿Por qué son los peores los que llegan arriba? Y evidentemente se refiere al poder. La verdad es que muchas veces parece que los escojamos adrede. Yo mismo me he hecho en infinidad de veces esa pregunta y también resulta un tema recurrente de conversación ¿Es que no hay gente válida en el Partido Socialista, o en Podemos, o en el mismo PP? A un líder lo podemos visualizar como a un inculto redomado cargado de títulos académicos, a otro un cobardica incapaz de poner en su sitio a nadie y otro nos da pruebas diarias de ser un simple un tonto redomado, u otro suspirar y repartir cargos sin haber ganado nada, con tanta ansia de poder por cada poro de su cuerpo, que aterra pensar que tuviésemos la desgracia de que llegase a saborear alguna vez dicho poder. De hacerlo, jamás nos quitaríamos de encima su férrea dictadura disfrazada de democracia y España necesitaría un milenio para recuperarse de la tierra quemada por el camino del totalitarismo. Casos cercanos hemos visto en la historia reciente de Latinoamérica, y a calderadas.

Y no hablemos ya de toda la fauna que aparece en ciertos lugares de esos que convirtieron unos oportunistas en Comunidades Autónomas cuando se repartieron el poder que heredaron del denostado Franco. Comunidades Autónomas que yo no veo más que como simples regiones de España; solo que ahora han colocado en ellas a unos reyezuelos junto a sus dependientes cortes palaciegas multiplicando por millones el gasto político. Y para mejorar las cosas alguno de esos reyezuelos quieren convertirse en monarcas absolutos sin redir cuentas a nadie. Pero esas son otras cuestiones.

Los hechos y las distintas situaciones que podemos comprobar diariamente en los periódicos parecen darle la razón a Hayek. Las mismas fotos que aparecen en portada dan la razón a Hayek. Solo hay que verles la cara a algunos: los peores son los que ponemos arriba. Y mira por donde no estamos solos en el mundo, no estamos solos porque siempre nos toque la negra a nosotros. Resulta que Hayek nos presenta tres corolarios y el problema es general. No somos los únicos.

Primer corolario
En primer corolario Hayek plantea que cuanto mayor es la cultura e inteligencia de un grupo de individuos mayores son sus diferencias respecto a sus puntos de vista. Pueden discutir de política, de arte, de cine, de literatura, de religión, de lo que sea…, nunca se pondrán de acuerdo.  Por lo tanto, las dificultades en llegar a acuerdos respecto a una escala de valores políticos, religiosos y culturales entre personas inteligentes de alto nivel cultural es peor. Si sobre gustos no hay nada escrito entre este tipo de grupos todavía se acentúan la diferencias y aumenta la dificultad en encontrar una uniformidad en la jerarquía de valores. Por el contrario, cuanto más primitivo es el grupo y más se acerca a los instintos primarios más fácil resulta encontrar uniformidad. Prevalecen los normas intelectuales elementales y la jerarquía de valores se unifican junto a los instintos primitivos comunes. Bromeando podríamos afirmar que de lo único que pueden llegar a discutir es de lo que conocen, esto es, de fútbol. Por el mismo motivo los nacionalistas no solo en España sino en todo el mundo encuentran factores de cohesión.

Para Hayek ello no significa que los valores morales en esos grupos primitivos sean desastrosos, solo afirma que son uniformes. Por lo tanto, en democracia gana el mínimo común múltiplo sobre el máximo común divisor. Para los de la EGB ese concepto matemático se daba en sexto. Para los que fuimos a bachillerato en primero. En la ESO lo desconozco. El mínimo común múltiplo afecta a o primitivo, a la incultura. El máximo común divisor afecta a la cultura, a al inteligencia.

En conclusión, si un grupo unificado puede imponer sus opiniones siempre será el menos independiente, el menos original y el más masificado. El más masificado resulta siempre ser el de menor nivel cultural. Así de simple, lógico y contundente es F. A. Hayek. Podremos estar más o menos de acuerdo con lo que dice Hayek, pero desde luego su hipótesis de trabajo resulta creíble e interesante y nos hace pensar a más de uno; vamos, que coincide con lo que vemos por ahí. Y ahora, en este punto tan sugestivo me permitirán dejar los otros dos corolarios para los otros dos próximos editoriales en el Diestro . La buena confitura en botes pequeños. También os dejo la bibliografía de donde lo he sacado.

Bibliografía The Road to Serfdom, F. A. Hayek, British Library

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