Lo normal en cualquier persona es que se pase la vida dando vueltas a lo mismo, no continuamente, de vez en cuando, lo normal en una persona es que de vez en cuando se pregunte cuál es el sentido de la vida. Lo podemos poner de una forma o de otra, pero nunca va a venir nadie a decirnos si estamos, o no, en lo cierto porque en realidad nadie lo sabe a ciencia cierta. Nuestras conjeturas podrían ser infinitas y no acabar de hablar nunca de ellas porque no hay respuesta y probablemente nunca la habrá, eso es lo único seguro.

Pero aun no sabiendo cuál es el sentido de la vida, todos tenemos claro qué es lo que le da sentido a cada una de nuestras vidas, eso ya es algo muy personal. A pesar de ello creo que en algo coincidiremos todos, el sentido a nuestras vidas se lo da la familia, los hijos (los que los tenemos), la pareja e incluso a veces hay ciertos momentos que también dan sentido a nuestra vida. Muchos sin tener al lado ese sentido de nuestras vidas habría veces que no nos levantaríamos de la cama, cuando se pierde, por el motivo que sea, ese sentido en la vida se pierde todo. Se pierde el norte, se pierden las ganas y se pierden las fuerzas, es posible que se pierda incluso tu propia vida.

Rosario y Alfonso decidieron adoptar una niña porque, probablemente, quisieran buscar un sentido a sus vidas; vidas posiblemente acomodadas en lo económico, pero no en lo espiritual. Ese y no otro debe ser el motivo por el que una persona, o una pareja, decide iniciar, y finalizar, los engorrosos trámites que suponen una adopción.

Por mucho que en el juicio por el asesinato de su hija esa pareja haya sido declarada culpable, todavía no acierto a saber a ciencia cierta por qué lo hicieron. Cualquiera de los motivos que se hayan podido barajar, económico, psicológico, depresiones, puede afectar a uno de ellos, pero no acierto a imaginarme qué motivo es el que puede poner de acuerdo a los dos para acabar con la vida de una niña, de su hija. Uno puede haber sido el ideólogo o la otra, en realidad da igual, en este caso es tan culpable el uno como el otro.

Al contrario que a la mayoría de la gente, supongo, cuando he visto sus caras durante el juicio y la sentencia me han dado más pena que asco, u odio. Ellos sabrán qué motivos han tenido para hacer lo que han hecho, pero no sólo han matado a su hija, han acabado con el sentido de sus vidas. Sin dar un sentido a tu vida, a mi modo de ver, el mero hecho de vivir es un castigo, yo espero que esta pareja, sin sentido, tenga una vida lo más larga posible. No habrá, para ellos, peor castigo que ese.