Me hacía mucha ilusión que mis hijos fueran deportistas y me empeñé en que se apuntaran a algún deporte. A mi hijo mayor le apunté a baloncesto, porque parecía que le llamaba la atención y salté como un poseso cuando metió su única canasta en dos años. Al mediano le apunté a futbol porque también parecía que le gustaba cuando descubrí en su primer partido que iba al lado contrario al que iba el balón. “Si hombre, voy a coger el balón para que me hagan una entrada y me hagan daño”. Ahí fue cuando me di cuenta que no les gustaba nada el deporte, a uno le va la ciencia y al otro el arte. Fue mi hija pequeña la que se decantó por el fútbol, el baloncesto, el karate, la bicicleta, el patín y cualquier cosa que se le pusiera por delante.

Pero a lo que si asistí en esos pocos años de compañía a partidos de mis hijos fue a los espectáculos de los “padres-Pantoja”. Unos ponían verde al entrenador, otros al arbitro los otros hablaban de lo chupón que era el hijo de fulanito. Y la mayoría de ellos me dieron una palmadita en el hombro el día que mi hijo metió su famosa canasta, pero porque les daba pena.

Yo he sido, además, arbitro de baloncesto de categoría alevín a los 14 años. Es decir, arbitraba a niños no mucho más pequeños que yo y me han llamado de todo. He sufrido insultos, silbidos y algún que otro insulto bastante grave por parte de los padres. Padres de una edad que a mi me atemorizaban, puesto que yo solo era un niño.

Hoy he visto este espectáculo en las redes cociales

Imagino y espero que los primeros en avergonzarse del comportamiento de los padres sean los propios hijos. A mi como hijo me habría dado vergüenza ver a mi padre haciendo algo así. Padres que insultan al arbitro, al entrenador e incluso a algún jugador del equipo contrario con insultos gravísimos. Cafres e ignorantes, personajes frustrados que intentan cargar en sus hijos todas sus frustraciones vitales para conseguir ser algo en la vida. Ignorantes de tres al cuarto, padres- Pantoja que no pueden dejar que su hijo haga su vida libremente, sin tener que avergonzarse de un padre inculto, maleducado, ignorante y violento como el que tienen. Energúmenos que ni sirven ni servirán para nada. Puede que no sean muchos los que lleguen al extremo del vídeo que publico, pero por desgracia hay demasiados que no saben ni donde tienen la mano derecha.
Cuánto daño hacéis, padres-Pantoja, al deporte, a vuestros hijos y a vosotros mismos. Aprended a guardar vuestras frustraciones en vuestro propio cerebro y no vayáis por el mundo demostrando que no sois más que unos patéticos perdedores. ¡Qué vergüenza!