Hispania, solar histórico de España, es muy anterior a Castilla y Cataluña, Andalucía y Galicia, León y Aragón. Es hechura de Roma tras 200 años de guerra con Cartago y las tribus peninsulares. La diócesis de Hispania fue pieza clave del Imperio hasta la caída de Roma. Tuvo entonces que forjar su propio destino, pero siempre, salvo en los fugaces regímenes islámicos, sus reinos tuvieron como norte político la unidad y la raíz de su civilización: Roma y la Cruz. Tras ocho siglos de lucha contra los musulmanes, los Reyes Católicos lograron la total unidad en 1492. Tras el descubrimiento de América, en los reinados de Carlos I y Felipe II dominamos el mundo como nadie antes lo había conseguido, con “El Imperio en el que nunca se ponía el sol”. A pesar de que nuestra fortaleza fue disminuyendo paulatinamente, siempre mostramos orgullo, grandeza, valentía y honor, incluso cuando nuestros gobernantes nos abandonaron, como el triste, vil e infame episodio de Carlos IV y Fernando VII vendiéndonos a Napoleón. Superamos ruindades y mezquindades, tragedias y guerras que amenazaron nuestra identidad, nuestra historia, nuestro ser. Sin embargo, toda esa gloria, toda esa forja de España a través de tantos siglos y esfuerzos ha desaparecido en menos de cuatro décadas, dinamitada por la propia España desde dentro, sin ayuda de ningún enemigo externo. Todo empezó con una mal llamada democracia y una Constitución que permitía el fin de la milenaria España, facilitando los resortes para su desintegración total. Bastan unos cuantos ejemplos actuales para percibir que España, como tal, pereció hace ya algún tiempo. Veamos:

-Simposio que se celebra en Barcelona (12, 13 y 14 de diciembre de 2013), bajo la tutela del presidente de la Generalidad, Arturo Mas, titulado “España contra Cataluña”, permitiendo el Estado español ser agredido, insultado y manipulado desde dentro, sin utilizar ninguno de los medios legales existentes, ejemplo de la inexistencia de España. ¿Acaso creen que este dislate se permitiría en cualquier nación civilizada? Y solo es el inicio de una secesión que ya existe realmente en la práctica y que falta plasmar en un papel para darle curso legal.

-Lo mismo ocurre en Vascongadas, con los terroristas ocupando la mitad de las instituciones y gobernando a su aire, saltándose el Estado de Derecho de manera permanente, demostrando que está aniquilado, que es recuerdo. Es la ley de los asesinos de ETA la que impera en esos lares, extorsionando y atemorizando a los que no comulgan con sus ideas. Nadie se atreve siquiera a discutirlos. Es la ley del más fuerte, la ley del terror.

-La puesta en libertad de decenas de asesinos, terroristas y violadores por una sentencia del Tribunal de Estrasburgo que solo se refería a un caso en particular y que el sedicente gobierno español, con la connivencia de la adulterada justicia, ha extendido a todos para seguir un ominoso “proceso de paz” convenido con la oposición, tratando de justificarlo poniéndose estupendos con una legalidad que han conculcado y hollado con la suelta de tales alimañas.

-Desandando el camino recorrido, los musulmanes están reconquistando España y son más de 1.700.000, de los que casi medio millón viven en Cataluña, con el peligro que supone la cantidad de yihadistas que hay entre ellos, como se comprueba con las numerosas detenciones que se han producido. Además, lejos de aceptar las costumbres del territorio donde se encuentran, exigen e imponen sus hábitos con el consentimiento de autoridades y partidos políticos, en especial de la izquierda que los utiliza para su beneficio sin importarles el daño que ocasionan a la población indígena.

-La balcanización absoluta de España en 17 reinos de taifas, con sus correspondientes reyezuelos que, extasiados en su trono de plastilina, nos exhortan cada año con delirantes discursos que únicamente buscan la desmembración de la nación y el mantenerse en el poder el máximo tiempo posible, utilizando cualquier método, aunque sea ruinoso para la taifa que dicen representar. Casos como Andalucía (la más pobre y con más paro de Europa), Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Canarias o Extremadura son sangrantes.

-Partidos políticos y sindicatos que no son otra cosa que gigantescas centrales eléctricas del enchufismo y la sinecura, que han adulterado la imprescindible independencia del Poder Judicial para perpetrar toda una tela de araña de corrupción que se expande por toda España, sin que nadie –salvo honradas excepciones- ponga coto a tanto latrocinio. Ambos, partidos y sindicatos, han desmantelado la democracia creando un tinglado para vivir del resto de los españoles, una nueva casta donde no existe el mérito y la valía y sí el dedazo y el vasallaje más indigno y deshonroso.

-Una persecución de todo lo español, especialmente de una izquierda que siempre ha demostrado su fobia (valga como botón de muestra la crisis de Gibraltar, posicionándose con el gobierno británico), desvirtuando la gloriosa historia de España hasta límites delirantes y renegando de todos sus logros, inoculando el odio desde hace décadas al transferir toda la educación a cada una de las autonomías, que inventan una historia según su conveniencia. La derecha, indolente y cobarde, no trata de combatir este discurso antiespañol, mostrando una desidia repugnante ante tanto insulto y falacia, ejemplo de la perniciosa relatividad y falta de valores que se ha instalado en la sociedad de manera irreparable.

-Por último, por si faltaba algo en la descomposición de España, una monarquía salpicada de escándalos y en estado de descomposición absoluta, con varios de sus miembros imputados y un Rey en sus horas más bajas que, a pesar de su lamentable proceder en los últimos años y de su decadencia moral y física más absoluta, no reniega de sus privilegios y, obcecado, se abraza a la Corona en lugar de dejar paso a su heredero, tal vez el único válido de toda la familia, para intentar salvar la desesperada situación.

Francisco de Quevedo, con sus ojos perspicaces, manifiesta su dolor por España en este asombroso soneto que parece realizado para tan funesta ocasión: “Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados, de la carrera de la edad cansados por quien caduca ya su valentía…Y no hallé cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte”. Las futuras generaciones preguntarán, al no encontrar nada, ¿qué fue de España?

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