Una de las cosas que más pueden doler del mundo es enterarte de la noticia del fallecimiento de algún niño o algún menor. Cuando te enteras que ese fallecimiento no ha sido natural, que ha sido por un suicidio, duele más todavía. Pero ya si te enteras que ese suicidio ha venido provocado, una vez más, por el acoso escolar, a ese dolor se le añade una profunda indignación. Leo que el pasado martes una niña de 13 años se suicidó en Murcia a causa, presuntamente, del acoso escolar que sufría en su colegio.

Esto del acoso escolar ya está pasando de castaño a oscuro y creo, sinceramente, que la causa principal son esos protocolos absurdos de los que hablan todos los políticos siempre que sucede algo así. Todos esos protocolos absurdos provocan que en los centros escolares tanto los profesores como los directores se vean atados de pies y manos al tener que seguir al pie de la letra normas ridículas y buenistas. Normas que protegen, sobre todo, al acosador con presunciones de inocencia donde hay normalmente una culpabilidad manifiesta a la vista de todos. Todo esto provoca que al profesor ni se le trate, ni se le mire con respeto. Ya no impone ningún respeto a los alumnos, sobre todo a esos sinvergüenzas acosadores.

Hace no demasiados años un profesor imponía su autoridad en clase desde el momento que entraba. Autoridad otorgada por el centro educativo, pero también por los gobiernos y, lo más importante, por los propios padres. Hoy son los padres los primeros que van contra el profesor o el centro, sin darse cuenta que en su casa tienen un monstruo unas veces, o un atontado la mayoría.

Venga, vamos a seguir así. Vemos que el sistema va de pena, que siguen suicidándose niños víctimas del acoso de unos miserables, pero vamos a seguir como estamos. Lo de los protocolos suena muy bien, es chachi piruli y probablemente haya mucha gente que se gane la vida pensando en protocolos. Pero hay un protocolo que funciona con niñatos acosadores a las mil maravillas y que no necesitan de mucho estudio para llevarlos a cabo, una buena hostia a tiempo. Ya que los centros no pueden hacerlo, recomiendo a los padres de los niños acosados que lo hagan. Yo, antes de ver a uno de mis hijo llegar a casa desangrado a golpes o corriendo el peligro de que pudiera acabar como esta niña, aplicaría el protocolo del hostión a tiempo al culpable. Ya verías como llevando a cabo un solo punto del protocolo sería suficiente.

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