En pleno siglo XXI resulta cuanto poco anacrónico el movimiento separatista catalán, además de fuera de un contexto histórico que lo justifique no hay motivos más allá de la ambición personal de una burguesía crecida y con aspiraciones arias, la que desde su acomodada posición ve como se mueven los peones implicados por ellos mismos en un proceso en el que creen a base de un machaque continuo que comienza en la escuela y culmina en los medios de comunicación catalanes, que recuerdan a los NODOS de otros tiempos, en los que se ensalzaban las virtudes de un régimen sin opinión crítica que lo cuestionase.

Esta burguesía ha logrado empujar al vacío a casi un 40% de catalanes que ven en la independencia su salvación y a veces hasta el paraíso, sin darse cuenta de que en realidad van abocados al fracaso, la frustración y el ostracismo, y también sin darse cuenta de que sus líderes, esos burgueses acomodados no dudarán ni un segundo en volverse los más españoles de la península cuando el proceso fracase con tal de mantener su estatus y sus dineros a buen recaudo, dejando en el abandono a aquellos a los que enseñaron un camino mesiánico de salvación que era imposible de transitar.
Prueba de todo este circo y sus leones son la familia Pujol, los molt honorables, els molt lladres, que en plena vorágine separatista a puertas de un Referéndum, según el tonto útil del régimen, el Sr. Puigdemont, todo su afán es ocultar y rescatar todo el patrimonio esquilmado de las arcas públicas durante décadas. Mientras hacían apología de nación aria independiente con la oratoria y robaba a manos llenas con la colaboración su familia, más cercana a la familia Corleone que a la de dirigentes políticos.
Otros casos menos dañinos para el común pero si a tener en cuenta son los periodistas y tertulianos que por unos más que respetables sueldos tiran de la cuerda hasta hacer insoportable la tensión para aquellos que no piensan como ellos, ofendiendo, vilipendiando y sobre todo faltando al respeto a una mayoría de catalanes y españoles que no piensan igual que aquellos que les pagan los sueldos.
Este conflicto como dije al principio es anacrónico, pero también es artificial y solo alimentado por el dinero de unos pocos en contra de otros muchos, además no encaja en la sociedad actual, que tiende a la unión y no a la separación, a compartir y ayudar no a ser insolidarios y mezquinos, a ser un pueblo más grande y no a convertirse en una aldea aislada por una niebla espesa que no deja ver más allá de la salida de tu pueblo y te obliga si o si (como el referéndum) a creer que lo único bueno es lo que hay antes de esa capa de niebla, sin considerar siquiera que quizás tras esa espesa capa encuentres el mejor amanecer que hayas podido soñar.
Estas minorías, que se dedican a tirar la piedra y a esconder la mano, por si acaso no va bien la cosa que a mi no me señalen, está condenando al aislamiento cultural y social a millones de personas en lo que creen será su finca particular cuando logren la tan anhelada independencia, sin saber que será un finca llena de espinas y con la puerta cerrada, de donde huirán los granjeros que aún tienen sentido y sensatez, dejando tan solo un descampado lleno de baches y ruinas de lo que fueron grandes haciendas productoras de riqueza. Sí, si así será, porque la sensatez no se aloja bajo el paraguas de la imposición y el totalitarismo, pero aun así ellos creen, creen y crean desazón a la vez, buscando referencias históricas y sacándolas de contexto para justificar su locura.
Todo resulta un poco quijotesco en ese movimiento, o mejor ese alzamiento de unos cuantos iluminados, cuando uno busca y rebusca en las diferencias y hace de estas su baluarte, obligan al olvido de las similitudes y de los buenos momentos compartidos. El problema es similar a las rupturas sentimentales o al duelo de un difunto, solo cuando pasa un tiempo, esa memoria que solo veía males en el que se ha ido comienza a vislumbrar esos momentos estupendos y cuanta falta te hace oír y sentir esa compañía ahora ya imposible en el caso de los difuntos, para concluir que no era tan malo el que se fue ni tan bueno uno mismo.
Esperemos de todo corazón que ese momento no se haga efectivo y que la sensatez se imponga a la sinrazón y la obcecación.
 
@GodofredoIV