La bolchevique alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, se nos ha travestido de padre Flanagan y quiere que la capital sea una ciudad para niños, exponiendo su intención de crear un foro a través de Internet desde el que los niños puedan transmitir ideas y propuestas en el marco de un debate que ha lamentado que estén fuera de las instituciones y solo tengan presencia en la escuela y en casa: “Tenemos que pensar qué tipos de nuevos ciudadanos creemos que pueden ser más felices, más necesarios y más solidarios para el mundo que viene”. Es decir, que la exjueza comunista, como buena marxista, quiere intervenir en la vida de los niños para adoctrinarlos y guiarlos al “Mundo Feliz” de Aldous Husley, donde familia, religión, diversidad cultural, filosofía…han sido erradicadas en beneficio del hombre “necesario” para Carmena y su ideología exterminadora de la humanidad. Como esta nueva Dolores Ibárruri  es la alcaldesa de Madrid, puede instruir a los niños con ejemplos de lo que ya perpetraron en su ciudad en la II República y en la Guerra Civil.
Así, tras inocular a los niños la maldad de la Navidad, Semana Santa y todo lo relacionado con el catolicismo, les mostrará el camino para arrancar de raíz tan maléfica religión: quemar y profanar cientos de conventos, iglesias y monasterios, aniquilando a sus moradores (8.000 sacerdotes y religiosos, aparte seglares, lo sufrieron) y a todo sospechoso de ser católico, invitándoles a Paracuellos para que disfruten y aprendan cómo llegar al ejemplo máximo de esa “felicidad” que Carmena desea con tanta ansiedad. Para completar el instructivo viaje, les llevará a la calle dedicada a tan ilustre genocida de Paracuellos, Santiago Carrillo, principal responsable de asesinar a cerca de 10.000 inocentes, entre ellos el escritor e hispanista Ramiro de Maeztu, al que le quita la calle para dársela a sus verdugos.
También, Manuela Carmena se ha lamentado de que en el Ayuntamiento no haya “publicaciones” ni nada pensado para los niños. Puede ilustrarles con el periódico satírico de su ideología, “La Traca”, que en junio de 1936 (antes de la Guerra Civil) abría una encuesta entre sus lectores bajo la siguiente pregunta: “¿Qué haría usted con la gente de sotana?”. Respuestas: “Caparlos, molerlos y hervirlos. Hacerlos zurrapas. Echarlos a la estercolera”. Y para perfeccionar el adiestramiento, su concejala Rita Maestre les orientará de manera cualificada con su “arderéis como en el 36” y “hay que quemar la Conferencia Episcopal”.
Después, continuará “formando” a sus niños con un viaje turístico por las más de 200 checas de Madrid, como la famosa checa de Fomento o Bellas Artes, la de Marqués de Riscal, Marqués de Cubas, Spartacus e incluso una checa para intelectuales: la de la Alianza Internacional de Intelectuales Antifascistas, instalada en el Palacio de Zabálburu, con Rafael Alberti a la cabeza, para depurar la Academia Española. Seguidamente, les revelará que, en las checas, escribir la palabra “libertad” seguida de un punto o una “d” minúscula era la señal para asesinar al condenado, que ya se creía libre.
Dice también la Pasionaria del siglo XXI, que le gustaría que los niños puedan ir solos al colegio y puedan jugar en las calles. Para ello, aclararía a los niños que su medida de liberar al 90% de los presos no es incompatible con su propuesta y les divulgaría que los “malos” son los que tienen ideas contrarias a ella y no esa pobre gente que asesina y delinque. Y les daría las reglas y métodos de cómo encerrar y matar al disidente y, al mismo tiempo, soltar a los delincuentes comunes con el ejemplo de la cárcel Modelo de Madrid, donde el 23 de agosto de 1936 sus camaradas stalinistas provocaron una matanza de presos políticos, entre ellos Fernando Primo de Rivera (hermano de José Antonio), Melquíades Álvarez (diputado, decano del Colegio de Abogados de Madrid y fundador del Partido Reformista), Julio Ruíz de Alda (héroe del avión Plus Ultra y fundador de Falange)… liberando a todos los presos comunes.
Una vez que Carmena tenga a los niños con el cerebro narcotizado por la ideología marxista, con las imágenes perpetuadas del Dios Marx y sus profetas Lenin y Stalin en la mente hecha añicos de sus “niños felices”, podrán formar parte de sus juventudes comunistas uniformadas, con jerseys azules y corbatas coloradas con la hoz y el martillo, rígidos, militarizados. Así lo cuenta Agustín de Foxá en su inigualable y magistral “Madrid de corte a checa”: “Los jefes daban órdenes con un pito… Amenazaban con los puños cerrados los pisos altos de la burguesía. ¡A ése, a ése! Desfilaban más de doscientos mil entre bosques de banderas con la hoz y el martillo…Y al frente, enormes retratos de Lenin y Stalin. Era Rusia que nos invadía. Ni un grito español. Rusia, sí, Patria, no; Rusia, sí, Patria, no”. Todo esto el 1 de mayo de 1936, antes de la Guerra Civil.
Entre todos estos “niños felices” de Carmena, convertidos ya en “nuevos ciudadanos” tras culminar su obra de ingeniería social marxista, la jovial alcaldesa elegiría a los más capaces y formaría su propio grupo de milicianos, al modo de la agitadora comunista Margarita Nelken y su “grupo de jóvenes”, que destacaban en ejecutar tareas represivas y tuvieron una responsabilidad comprobada en las matanzas de noviembre de 1936 en Madrid. Para amenizar tanto trabajo y atufar sus neuronas hasta el límite, les pondría películas con todos los grandes títulos del cine soviético, como en la Guerra Civil: “Las tres canciones de Lenin”, “El acorazado Potemkin”, “Los marineros del Kronstadt”, “Octubre”, “Chapáev”… Como ven, una gran diversidad.
Además, Carmena quiere también una Ciudad de la Paz, que es la paz de los cementerios repletos de todo el que tiene ideas distintas, de todo aquél que su cerebro no ha sido jibarizado y puede pensar por sí mismo. Una vez robadas las almas de estos “niños felices” que pretende crear la alcaldesa de Madrid, convertidos en hombres sin espíritu, en muertos de pie, autómatas al servicio del terror marxista, los lanza contra sus propios hermanos. Y en esa labor están estos bolcheviques, que vuelven a amenazar a España y su cultura milenaria. Ya lo dijo Chesterton en “El hombre eterno”: “Este mundo anticlerical y agnóstico era el que andaba siempre profetizando el advenimiento de la paz universal”. Ya sabemos qué “paz” es la de Manuela Carmena y su Ciudad de los Niños del Terror.
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