Algo debe de estar pasando en nuestros cerebros. Me pregunto si será la alimentación, el agua que consumimos, el exceso de Coca Cola o algún tipo de medicina, pero algo nos tiene que estar pasando, es evidente. Asistimos a todos los escándalos que nos rodean y de los que nosotros somos, normalmente, las principales víctimas impasibles. No decimos nada, no opinamos, no levantamos la voz y nos sentamos delante del ordenador o de la televisión como auténticas amebas.

Hoy una cosa, ayer otra, anteayer una más y seguro que mañana otra nueva. Escándalo tras escándalo, tomadura de pelo tras tomadura de pelo, estafa tras estafa y nosotros, las amebas, seguimos asistiendo al espectáculo sin rechistar y soltando la pasta sin decir esta boca es mía.

Llevamos años asistiendo al escándalo protagonizado por la familia Pujol boquiabiertos. Se calcula que su estafa a todos nosotros ronda ya los 3.300 millones de euros y todavía no ha tenido consecuencias judiciales para ningún miembro del clan. La última representación ha sido ya bochornosa, el juez decide no encarcelar a Oleguer Pujol a pesar de las peticiones del fiscal y no pasa nada. El mismo juez reconoce que le deja libre y que podría seguir blanqueando el dinero estafado a todo el mundo y sigue sin pasar nada.



La única diferencia entre los Pujol y un entramado mafioso de los que estamos acostumbrados a ver en las películas o en las noticias es el apellido. No se apellidan ni Corleone, ni Escobar, ni Al Capone, pero por lo demás es idéntico. Todos tenemos claro que no se actúa con energía contra ellos porque saben demasiado de todos los políticos y de todos los partidos y nosotros, las amebas pagadoras, seguimos asistiendo al espectáculo como si de una película se tratara. Nos sentamos, seguimos comiendo palomitas y preguntándonos como llegar a fin de mes, mientras parte de los culpables de nuestra situación sigue campando a sus anchas.

Mientras sigamos actuando así nos estaremos mereciendo todo lo que nos pasa. Le damos más importancia a un balón de oro o a una falta no pitada a nuestro equipo favorito que a todo lo que nos afecta de verdad. Estoy seguro que si ahora salgo a la calle y pregunto a 10 personas sobre su opinión del asunto Pujol muchos me preguntarían si es el que jugaba en el Barcelona. Pero todos tranquilos, ya está todo olvidado; mañana hay fútbol. Pan y circo, aunque de circo cada vez haya más y de pan cada vez nos quede menos.