“Si no eres feminista eres machista, no hay otra opción”. Reconozco que no veo nunca “La Sexta Noche”. No solo porque sea un nido de promoción del podemismo, simplemente porque me parece un espectáculo bochornoso de interpretación en el que cada uno tiene su papel, un “Sálvame” infumable de la política. Pero de lo que si me entero al día siguiente es de las sesudas frases que se sueltan allí como si fueran dogmas de fe, dogma de fe podemita, claro.

La frase entrecomillada con la que inicio el artículo fue pronunciada, al parecer, por el sesudo podemita Antonio Maestre. Otra pose más de esta gente, como hay muchas. Como la pose de la pobreza, como la pose de la solidaridad, la pose del pacifismo o la pose de la no violencia que tanto les gusta practicar a los podemitas en público y que tan poco practican en privado. Y es que en público se pueden decir muchas cosas, las poses lo aguantan todo, pero si después en privado actúas de otra forma, lo único que haces es representar un papel.

Ser solidario lo practican, pero solo con los suyos. Mientras tanto persiguen sin ningún tipo de miramiento la propiedad privada, intentando atacar a los propietarios de inmuebles. O atacan al autónomo perjudicando sus negocios en días festivos como los de la Navidad. ¿Es eso ser solidario, o es que hay algunos sin derecho a que se solidaricen con ellos?

La pose feminista está muy bien vista. Excepto cuando descubres las lindezas que Pablo Iglesias dedica en privado a Mariló Montero, por ejemplo. O su defensa a ultranza de un compañero encarcelado acusado, entre otras cosas, de golpear a una mujer embarazada, como Andrés Bódalo. O la famosa frase de “si eres buena niña…yo te buscaré un trabajo”, del podemita de Baleares.

No entiendo el machismo ni en los hombres, ni en las mujeres. Pero tampoco entiendo el feminismo ni en los unos, ni en los otros. Rechazar un extremo para alabar el otro, solo por estar bien visto, no es más que una ridiculez, lo practique quien lo practique.Con todo esto llego a la conclusión que el podemismo no es más que falta de tolerancia, camuflado en el lenguaje o la acción bien vista, que no buena. En la pose, en la actuación, en la interpretación, en la mentira, en la manipulación, en la transformación y en la generación de odio y de intolerancia. Intolerancia, uno de los pocos pecados que no cometíamos los españoles. Siempre hemos sido un pueblo tolerante, a veces demasiado. Pero esta gente lo está transformando todo, en la división es más fácil pescar. Eso es lo que genera la intolerancia, división. Algo que hasta hace bien poco no existía en España. Hasta que llegaron ellos.