Me dijo una vez uno de mis hijos, muy sincero él, que yo era muy fácil de manejar y que no había más que esperar el momento oportuno. Me explicaba que cuando él me pedía algo y yo daba un no rotundo era por haberme pillado de mal humor, él no tenía más que esperar un momento en que me encontrara de mejor humor para hacer la misma petición y conseguir su objetivo.Yo, como padre y además divorciado, no me considero diferente en ese sentido, creo que todos los padres tenemos el mismo defecto y que el éxito de nuestros hijos sólo depende de sus habilidades, psicología y paciencia.

Con los separatistas catalanes pasa algo similar, pero diferente en los tiempos y en las estrategias. Durante años, y por puro egoísmo, el estado, quienes nos representaban a todos, les han ido dando siempre todo lo que les daba la gana. Unas veces con la amenaza de no apoyar a un gobierno central, otras veces con movilizar la calle y otras con pactos en la misma Cataluña, fuera por el motivo que fuera, el estado siempre ha cedido y les han dado todo lo que han querido. Quizá ellos, en su eterno victimismo, no lo vean así, pero para los que somos de Comunidades de tercera, como en mi caso Castilla y León, esa es una evidencia absoluta. No hay más que darse una vuelta por la provincia de Barcelona y otra por la provincia de Valladolid para ver las más que evidentes diferencias.

Pero lo que pasa ahora con los separatistas catalanes es lo que ha pasado toda la vida con los niños caprichosos, tensan tanto la cuerda que hasta para un estado completamente servil a su causa es demasiado. El estado ha despertado y ha pensado que eso ya no podía ser y ahora vienen los problemas, los separatistas no es que pidan más de la cuenta, es que se creen con derecho a todo; no están pidiendo, están mandando y eso, incluso para este estado servil y cobarde, es demasiado. ¿Por qué entonces a ellos si y a mi no que me porto bien? La cuerda la han estirado tanto que se ha roto, pero para un ciudadano normal como yo ese sería el menor de los problemas, el mayor problema es que al resto de los españoles nos tienen aburridos.

El otro día hablaba un diputado catalán de “Juntos por el 3%” en una televisión nacional y decía que ellos querían la independencia de España, pero mantener una relación con España y con los españoles de amistad y concordia. Pero, ¿se puede ser más cínico? Llevan los separatistas catalanes siglos insultando al resto de los españoles, tratándonos como paletos y como personas incultas y, desde luego, no tan cosmopolitas, europeos e internacionales como ellos. ¿Qué habría pasado si a un castellano se le hubiera ocurrido hablar de Cataluña en algún momento como ellos han hablado siempre de nosotros? Arde Troya. Pero ahora nos llega un mequetrefe como este y nos habla de amistad y de concordia, nos vuelve a intentar tomar el pelo como siempre.

La estrategia del aburrimiento funciona siempre que haya amor y respeto, el que casi siempre hay entre un padre y un hijo. Cuando hay tomadura de pelo continua e insulto descarado, esa estrategia puede funcionar, pero siempre con un tiempo limitado, ahora ya no funciona, ahora nos habéis aburrido y cansado a todos, nos habéis hartado.

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