El otro día me fijaba en todas las caras de nuestros queridos representantes políticos en el Parlamento y estaba asustado. Si la cara es el reflejo del alma me pregunto como tendrán el alma, el que la tenga. Pero ya no solo por la cara, no hay más que escucharles hablar para darte cuenta que no es precisamente la cara lo peor que tienen, es lo más grande, pero no lo peor.

No tienen ideas, no tienen inteligencia, no tienen capacidad de trabajo y son unos incompetentes y unos vagos. Lo único que tienen es un afán desmesurado por colocarse lo más pronto y lo mejor posible, así son todos ellos. Pero lo más grave del caso no es que estén donde están, o ganen lo que ganan. Lo más grave es que quienes les hemos colocado ahí hemos sido nosotros mismos. Esto es como si al ajusticiado le dieran la opción de elegir el verdugo para que le aplique el garrote o le corte el cuello, surrealista.

Y es que esta supuesta democracia en la que vivimos lo único que le genera al ciudadano es sentimiento de culpa, una gran intranquilidad de conciencia. Hemos sido nosotros mismo quienes les hemos colocado allí. Y pensamos a medida que pasa el tiempo cómo se nos habrá ocurrido votar a los engendros que hayamos votado cada uno. Elegimos al que cada uno cree menos malo, que siempre comprobamos que es un poco menos malo que los demás, pero malo al fin y al cabo.

Y digo yo, si esta democracia feudal tiene algo realmente malo sobre el resto de maldades que la caracterizan es que somos nosotros los responsables de que ellos estén ahí. Pues entonces que haya una dictadura ¿no? Sería mala también, pero por lo menos tendríamos la tranquilidad de conciencia de no haber sido los responsables de ella con nuestro consentimiento en las urnas.

Y si tenemos que ir a las urnas que sea en una democracia real y formal. Con separación de poderes, con gente trabajadora, preparada y dispuesta a luchar por sus conciudadanos. Y es que para eso sirve en teoría la figura de un político, ¿no? Efectivamente están ahí para “servir a” y no para “aprovecharse de”. Ya está bien de tanta tomadura de pelo y de tener que pagar cada día un poco más para mantener a estos maulas.