Me he pasado toda la vida, desde que tengo uso de razón, sin entender lo de la guerra civil del 36, en realidad me he pasado toda la vida sin entender una guerra civil. Llegar a matar a un vecino, un hermano o un conciudadano tuyo por una ideología política determinada me resultaba alucinante, no lo entendía. Pero aunque suene muy duro decirlo ahora si lo entiendo, aunque no lo justifique, con quien más peleas tienes siempre es con aquel que más puedes conocer, con el vecino. Los de un pueblo se llevan mal con los del pueblo de al lado, pero después se hermanan con pueblos de Francia; es así, las mayores discusiones son con los de casa.

Es imposible que yo pueda conocer lo que se le pasaba a la gente por la cabeza en el 36 cuando comenzó la guerra porque yo no lo viví, pero me lo imagino. Hay un caldo de cultivo que son las diferentes formas de pensar e ideologías pero si a todo eso le añades un buen abono de odio la cosa se acelera hasta desembocar en lo que desembocó: guerra, muerte y miseria.

Repito que yo no se lo que se le pasaba a la gente por la cabeza en el 36, pero no debe ser demasiado diferente a lo que está pasando ahora mismo. Entiendo que cada uno piense lo que quiera, pero no entiendo el revanchismo que tienen algunos, sobre todo un revanchismo de algo que no han vivido. En estos tiempos, además, en los que la cobardía y el anonimato es lo que predomina las redes sociales están absolutamente repletas de mensajes incendiarios y generadores de odio, muchas veces escritos por niñatos que no tienen ni dieciocho años.

El otro día alguien comentó por Twitter que había leído algún mensaje en el que se decía que Pablo Iglesias tenía que tomar nota de ciertos “Twiteros” para “pedirles cuentas” cuando gobernara Podemos. Podría entender, nunca justificar, esas cosas si las escribiera un hombre o mujer de 90 años, que tuviera ciertas experiencias vitales que le generaran un odio así, pero no consigo entender ese odio en niñatos imberbes recién salidos del cascarón y que tienen nula experiencia vital. Los partidos están jugando con fuego, especialmente los partidos de la izquierda más radical; están generando odio con un único fin: votos. Ese es un asunto muy peligroso que nos puede perjudicar a todos. Ahora entiendo lo del 36, pero no me parece justificable.