@JJoveSan.- Si tuviéramos que definir con una palabra al sistema educativo español, ésta sería sin ningún género de dudas: fracaso. Se mire por donde se mire, nuestro sistema educativo es un absoluto fracaso: resultados en los informes PISA, tasa de abandono escolar, etc. Y sin embargo, pese a los desastrosos resultados hay una resistencia tenaz a cambiar el modelo y las reivindicaciones se ciñen tan sólo a cuestiones presupuestarias y de supuesta escasez de medios personales y materiales.

Pero realmente la sociedad, las familias, los padres, tenemos poco que ver con este fracaso, pues en nuestro sistema educativo pintamos realmente poco, prácticamente nada. Es un sistema educativo diseñado por los políticos: ellos nos dicen a qué colegio han de acudir, qué asignaturas cursar, el contenido de las mismas, cuántos alumnos puede haber en cada clase, el calendario escolar, el número de horas lectivas, las reválidas, los métodos de evaluación, etc. Los padres tan sólo podemos rezar para que el sorteo de la letra nos favorezca a la hora de poder escoger centro escolar entre unos previamente asignados o a hacer alguna triquiñuela legal para adquirir algún punto gracias al cual escalar unos cuantos puestos en la lista. Poco más, bueno sí, podemos escoger entre bable o folclore asturiano, entre tacita o tacita y media.

Tenemos un sistema educativo de inspiración soviética en la que todo, absolutamente todo, está decidido por los políticos de manera jerárquica y centralizada. Y como hemos podido constatar, este sistema no funciona, ha fracasado sin paliativos. O mejor dicho, los políticos han fracasado a la hora de diseñar el sistema educativo de nuestros hijos y ahora son nuestros hijos quienes lo están pagando.

Ante la constatación del fracaso, unos exigen más medios, más dinero, más ordenadores, reducir ratios y horas lectivas a los profesores, pero todo ello sin alterar la esencia misma del sistema y su carácter autoritario, centralizado, rígido y con nula capacidad para adaptarse a los tiempos y a las preferencias de las familias. El problema del sistema educativo español no es de falta de dinero –estamos en gasto per cápita en la media de la OCDE- sino de falta de libertad.

Otros, los menos, tan sólo se atreven a balbucear tímidamente la libertad de elección de centro escolar, como si darnos a escoger entre varios trajes de chaqueta gris marengo supusiera concedernos algo de libertad. Olvidan que no hay libertad allí donde la elección consiste en optar entre una lista de productos cerrada y esencialmente indiferenciables.

Constatado el fracaso de los políticos ha llegado el momento que las familias tomemos las riendas de la educación de nuestros hijos y podamos elegir en libertad no sólo a qué colegio queremos llevarles entre un listado de clones, sino que realmente podamos elegir el modelo educativo, el horario y calendario escolar, los currículums, las horas lectivas, el número de alumnos por clase, etc.

Es por ello imprescindible que implantemos ya el cheque escolar, pero un cheque que otorgue auténtica libertad a los colegios –públicos o privados- para diseñar su oferta educativa y a los padres la de elegir. Una auténtica revolución educativa que empodere realmente a las familias ¿Les asusta? No tengan miedo a cambiar, es imposible empeorar. Democraticemos la educación.

1 Comentario

  1. Perfecto análisis. Y lo creo que estamos siendo sovietizados con la maldita corrección política. Lo que nadie se atreve a decirles es que la educación pertenece a los padres y la instrucción a la escuela. Y sobre todo, que un maestro no ha de hacer de psicólogo porque para eso están los profesionales si es que ha problemas en casa.

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