Me hace mucha gracia ver la publicidad de muchas compañías tanto por televisión, como por otros medios. Familias felices porque consumen cierto producto, vida más fácil porque el suministrador de electricidad es uno determinado, ascensos en la empresa porque ha contratado su Seguro de Hogar con cierta compañía e incluso vida sexual más placentera porque utilizan un cierto gel cuando es posible que los dos sean unos cestos en la cama.

La publicidad, toda en general, es falsa y sólo es destacable por la originalidad del mensaje, aunque la falsedad se de por supuesta. Si alguien te dice que el Santander quiere ser tu banco, parece que va a ser tuyo de verdad, pero cuando dejas de pagar una cuota de tu préstamo y te empiezan a llamar te das cuenta que en realidad tú eres de ellos. Si en Iberdrola te cuentan que lo mejor es que pagues una cuota fija siempre para evitar sustos y sorpresas desagradables en tu factura, prepárate, no vas a tener sorpresas desagradables en las facturas porque como va a ser en todas ya no será sorpresa alguna. Cuando Coca Cola te cuenta que es la chispa de la vida te parece mentira que con un poco de esa chispa seas capaz de desatornillar el tornillo más rebelde, ¡qué no hará en tu estómago!

Pero no sólo las grandes compañías utilizan la mentira para publicitar sus productos, también lo hacen los partidos políticos. Hay algunos que mienten más de lo que prometen, pero hay otros que son ya surrealistas. Cuando alguien se pone a leer los mensajes de los representantes de Podemos no puede imaginar que sus ingresos procedan de dudosas democracias como la chavista de Venezuela o la ultra-religiosa de Irán. Sirvan como muestra varios botones:


¿Emoción, sonrisa, corazón, alegría? Aunque parezca mentira ese es un vocabulario propio de la peor de las dictaduras. Los líderes de esas dictaduras intentan transmitir en sus discursos una idea contraria a lo que realmente son. Estos mensajes son los típicos que parecen esconder otra realidad, realidad que nada tiene que ver con el mensaje transmitido. Efectivamente, puede haber gente que me diga que esa publicidad falsa la utilizan todos los partidos, cierto, pero no llegando a un extremo tan ridículo y absurdo como el que intenta transmitir Podemos en estos mensajes. Ellos no nos van a dar ni alegría, ni corazón, ni sonrisas, no son nuestra familia, son sólo un partido que aspira a gobernar.

Aunque haya gente a la que este tipo de mensajes le agraden son completamente falsos. La única parte de verdad que tienen es que al ser comunistas montarían un estado que manejaría tu vida por completo. Aquí nunca han gobernado los comunistas, pero donde han gobernado han dejado patentes muchas cosas, pero en ningún caso han dejado patente su emoción, su sonrisa, su corazón y su alegría. Han dejado patente más bien todo lo contrario: han provocado llanto, tristeza, pobreza y han evidenciado una falta de corazón absoluta, siendo lo más importante para ellos el perpetuarse en el poder.

Un partido político me puede prometer que me va a bajar impuestos y no hacerlo. Pueden prometer que van a construir diez hospitales y al final hacer sólo uno. Me puede decir incluso que si voy al médico o a Hacienda me van a atender amablemente y a su hora, aunque yo ya sepa que todo eso es mentira. Pero que un partido político me diga que me va dar una sonrisa o alegría me molesta, ¿quienes se han creído que son? Ese sentimentalismo no me parece más que postureo y más si viene de alguien que no es capaz de hacer un pacto para luchar contra el terrorismo y si lo hace para ir de la mano de partidos pro-etarras o independentisas.