Resulta que el actor Carmelo Gómez ha anunciado que está desencantado con el cine español y por ello no quiere hacer más proyectos ni en la pequeña ni en la gran pantalla y añade que no quiere seguir haciendo pruebas y sufriendo una humillación horrible. Hasta ahí bien, una pena, pero bueno, esto es lo que tiene una profesión como la de actor.

La historia se repite, pensé, un profesional del cine al que ya no le llaman para hacer películas y al que no tienen en cuenta para concederle papeles en una prueba. La ley de la oferta y la demanda en una profesión liberal como es esa. Pero claro, eso no es todo y el señor Gómez aprovecha para despacharse contra el Gobierno.

Y afirma que siente “que hay una cierta diletancia”, por la presión que se está viviendo; añadiendo que “tendrían que cambiar mucho las cosas. Si de repente podemos y creamos una nueva constitución y una nueva democracia, cambiará la cultura”. Además decía que siente desilusión respecto a “un gobierno de derechas al que sigue otro de derechas” y que “estamos en una situación en la que no tenemos capacidad de expresión”.

Es decir, Carmelo Gómez deja el cine porque no le llaman para hacer películas, pero él hace responsable de esa situación a la política en materia de cultura de este Gobierno. Cuanto menos curioso. Un ejemplo más del que ha estado viviendo de la subvención pública y pretende seguir haciéndolo. Porque digo una cosa, en España se sigue haciendo cine y muchos actores y actrices siguen trabajando, por lo que si a Carmelo Gómez no lo contratan a lo mejor es culpa suya y no del Gobierno. Pero claro, es más fácil reclamar a lo público y hacer responsables a otros de que ya no cuenten con uno.