Si mañana me pusieran un examen cuyas preguntas fueran como conseguir el voto de una mayoría siendo yo el líder de un supuesto partido lo tendría fácil. No me haría falta un discurso excesivamente elaborado, ni siquiera un programa electoral con un sesudo análisis económico de lo que hubiera que hacer. Tampoco me haría falta ser ni alto, ni guapo, ni tener los ojos azules; no, eso tampoco haría falta no. Lo único que se necesita en la España de 2015 para conseguir el voto de los electores es ser comunista, ir de socialdemócrata y presumir de antisistema y sobre todo seleccionar una serie de palabras y colocarlas en un discurso en el lugar adecuado.

Si a cualquier palabra políticamente correcta le añades la palabra mujer ya pasa a ser diréctamente casi una palabra orgásmica para la izquierda. La palabra cooperativa a la izquierda le suena de coña, aunque no funcione bien en este país casi ninguna cooperativa, pero si a cooperativa le añades: “de mujeres” ya es la pera, no hay nada que pueda sonar mejor. Ese fantástico juego de palabras sólo se puede estropear si al final dices: “para fregar”. Pero todo se andará porque esa frase fue una frase de Carmena, a Carmena se le perdona todo, ¿y por qué? Pues porque es feminista, comunista y anciana. A partir de ahí ya puede meter la pata las veces que quiera, todo es perdonable, ¿alguien se imagina la misma frasecita en boca de Esperanza Aguirre?

Pero vuelvo a lo de antes, la izquierda radical se ha hecho con mucho poder a base de palabras biensonantes sobre todo si eran oídas, que nunca escuchadas, por el mayor número de ignorantes posible. Y de eso si que andamos sobrados en España: de ignorantes y de atontados. A los ignorantes les dices: “pueblo, gente, gay, dignidad, la casta….” y ya no oyen más, ya está todo hecho, ya les puedes decir después: “sois unos gilipollas”; si eres comunista y has pronunciado las palabras anteriores se la cuelas doblada y…voto seguro.

Hay un tema, sobre todo, que me llama poderosamente la atención: la homosexualidad en la izquierda. Según una frase de Carmena ser homosexual es ser progresista. Entiendo que los heterosexuales, entre los que ella se encuentra, somos para esta tipa poco menos que la regresión a la edad de piedra, como mínimo. Si alguien quiere igualdad las cosas han de tratarse con normalidad, yo para tratar a una persona como una persona normal no necesito saber con quien se acuesta, excepto si lo hace con su perro. La anormalidad es gente supuestamente progresista que se pasa con la palabra gay o lesbiana u homosexual en la boca como Carmena. Tú eres la anormal Carmena, da toda la sensación que eres tú precisamente la que está intentando convencerse que un homosexual es una persona normal. Nosotros los retrógados estamos completamente convencidos que son personas normales, por eso no nos pasamos la vida contando con quien nos acostamos ni preguntándoselo al vecino.