Son impactantes las imágenes que todos hemos podido ver en las que una chica de 19 años es golpeada por una turba de “valientes antifascistas” a la salida de una discoteca de Murcia. Ver como una persona en el suelo y sin posibilidad de defensa alguna es pateada pone los pelos de punta a casi cualquiera. Y digo a “casi cualquiera” porque a la izquierda, tan feministas ellos, le ha dado absolutamente igual, o se han alegrado, porque esta chica ha sido golpeada por unos cuantos de “los suyos”.

Las beligerantes feministas, cuando les interesa, ni están ni se las espera. A los políticos de esos “nuevos partidos”, tan feministas y activistas ellos, tampoco. Ninguno de esos dos colectivos han dicho esta boca es mía ante semejante barbaridad. Y el motivo no es otro que el habitual en ellos, los malos eran de los suyos y la víctima al parecer no. Luego de todo esto se puede deducir algo, el feminismo en España solo se moviliza ante los ataques a un tipo de mujer en particular, a la que les es afín en ideología.

Y todo esto lo dejan en evidencia cada vez que sucede un hecho parecido. Lo primero que hacen es informarse de quién es la víctima y quién el culpable, de sus gustos, de sus aficiones y sobre todo de su ideología. Ya, una vez recabada toda esa información, es cuando reaccionan de una forma u otra. Es decir, no son defensores de un colectivo, son defensores de una parte de ese colectivo. La otra parte, la que no comulga con ellos, no es que les importe poco, es que no les importa absolutamente nada. Es más, buscan y rebuscan para buscar un motivo.

Se declaran pacifistas, se declaran feministas, se declaran antifascistas y se declaran muchas cosas bien sonantes, pero al final lo que es evidente es que no son más que unos sectarios. El pacifismo, el respeto por la persona y el respeto por la libertad de pensamiento debería ser algo innato en todo el mundo. Declararse pacifista, feminista o antifascista no es más que una obviedad. Estar todo el día con esas palabras en la boca me recuerda a lo de “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. La valentía, la humanidad y el pacifismo se demuestran cuando eres capaz de condenar una injusticia, aunque haya sido cometida por alguien que te cae bien. Todo lo demás no son más que palabras huecas que hacen quedar en evidencia a los que se pasan todo el día con ellas en la boca, pero demostrando lo contrario a las primeras de cambio.

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