Parece que la Junta de Andalucía va a ponerse en guerra contra los gordos, con el anteproyecto de la Ley para la Promoción de una Vida Activa y una Alimentación Equilibrada en Andalucía. Y gordos en Andalucía somos muchos, así que tengan cuidado…

En principio nadie puede estar en contra de este tipo de normativa, es como lo de estar en contra de la guerra, todos queremos una vida mejor y a todos nos gustaría tener un cuerpo de modelo de pasarela, o a lo mejor no. Y a lo mejor una persona quiere estar más gorda de lo normal, o no quiere llevar una vida activa o, simplemente quiere hacer lo que le dé la gana, que para eso es su vida. Pues no, la administración se preocupa por nosotros y nos da unas pautas de lo que, según ellos, es mejor para nosotros. Y nos obligan a actuar de determinada manera.

Pues yo me niego a seguir esas pautas. Yo soy un gordo porque me gusta comer, y comeré lo que quiera y lo que me venga en gana y ni la Junta de Andalucía, ni el Gobierno de España ni panete es quien para decirme nada. Pero bueno, de lo de la gordura tampoco quería hablar hoy. Hoy quiero hablar de una disposición de esta ley que establece que los bares y restaurantes de Andalucía estarán obligados a poner a disposición de sus clientes un recipiente con “agua fresca y vasos” de forma gratuita.
Además también se establece la exigencia de ofrecer diferentes tamaños de raciones en los bares y restaurantes, así como unidades “adaptadas a la composición de las unidades familiares”. Como podréis imaginar también se interviene en los centros educativos y dependencias de la administración andaluza y además se faculta al Consejo Audiovisual de Andalucía a velar por que la publicidad no fomente el consumo excesivo de productos hipercalóricos ni se usen “argumentos o técnicas que exploten la ingenuidad de los menores”, según informaba El Día de Córdoba.

Una imposición más de la Junta de Andalucía sobre la gestión de los negocios privados y lo que todavía es más grave, sobre la vida de los andaluces. Ahora es la administración la que nos dice qué hemos de comer y beber, qué ejercicio hemos de realizar y cómo hemos de vivir. Y a los bares y restaurantes les obliga a ofrecer servicios gratuitos, como el agua y además regula el tamaño de los platos y raciones que ofrecen. Y lo peor de todo es que habrá gente a la que le parezca bien esta intromisión en la vida de las personas.

Pues yo desde aquí reivindico mi libertad, mi libertad a ser gordo, a hacer o no hacer ejercicio y a comer y beber lo que quiera o no quiera, no a lo que la Junta de Andalucía me diga.