La ignorancia del líder de Podemos sobre lo que constituye el ABC de la democracia en este debate televisivo es tal, que resulta indudable: cualquier niño de patio de colegio sería capaz de ofrecer mejores soluciones. Las aparentemente intrépidas críticas, pero completamente vacías de contenido de este populista irrecuperable se desinflarían como como un globo en el aire si los otros contertulios supieran algo de filosofía política. Pero le entran en el juego y ya se sabe: no discutas on un ignorante, porque te llevará a su terreno, y una vez allí te ganará por experiencia. Pues no se le ocurre nada mejor a Pablo Iglesias que afirmar en todo un medio público, a hora de máxima audiencia, que para solucionar cierto tipo de problemas políticos “hay que recurrir al  mejor jarabe democrático, que se llama escrache“; es decir, a que un grupo de matones intimiden al político, supongo que, ¿señalado por él o sus compinches? Y como siempre, los que se llaman de izquierdas cambian el nombre a las cosas, usan un tipo de lenguaje rimbombante, y en vez de acoso le llaman escrache. Ahora veremos si son tan de izquierdas como afirman,

En primer lugar, no soy jurista. Pero si esta afirmación que da sobre que la solución es “jarabe democrático de escrache” no huele un poco a apología de la violencia, que venga alguien y me lo explique: yo le escucharé con muchísima atención. La violencia como solución política, en un sistema político moderno, lo utilizaron un grupo de italianos dirigido por un hombre con muchísima más inteligencia y carisma que este producto televisivo que sale diciendo disparates cada vez que aparece. Y como la televisión no deja de ser un negocio pues le llaman. Aunque también Gabi, Fofito y Miliki daban audiencia televisiva y, por cierto, lo hacían con muchísima inteligencia. Pero no nos desviemos…

Fasces
Romano

Resulta que a principios del siglo pasado unos señores italianos, hartos de la profunda crisis que estaban sufriendo tras la Primera Guerra Mundial, soñaron como solución a sus problemas con resucitar la gloria del antiguo Imperio Romano. En eso hay que reconocer que eran eran unos verdaderos románticos. Y recordando, recordando lo de la antigua Roma tomaron como símbolo el fasces romano, que durante aquellos tiempos del imperio era símbolo de autoridad. Muy apropiado porque simbolizaba la fuerza que otorgaba la unión del haz de muchas varas unidas, y la fuerza era para los romanos sinónimo de poder. Todos sabemos cómo se las gastaban los romanos con los bárbaros que no se sometían. Así que unos cuantos italianos, cada vez más numerosos, se vistieron con camisas negras e imitaron también esos métodos. No solo Italia, parte vencedora de la Primera Guerra Mundial, aspiraba al innoble arte del imperialismo conquistando territorios en África, sino que los camisas negras iban primero haciendo escraches (empezaron suave), aunque todavía no eran tan modernos como para llamarlos escraches. Después pasaron a las palizas a todo opositor político que no les gustase a sus jefes. Solían ir en manadas. Y por último acabaron cometiendo crímenes políticos. El opositor político era simplemente eliminado a tiros o a palos, ante la mirada entre disimulada e indiferente de aquellos ajenos al drama, pero que estuvieran en el lugar equivocado en el momento equivocado ¿No os suena todo eso una escena familiar? ¡Sí hombre!, tan familiar como lo del tiro en la nuca.  Bien, no nos desviemos. Y esos personajes que tomaron el fasces como símbolo de poder se llamaron fascistas. Hitler aprendió mucho de ellos y en realidad los admiraba. Tanto, que  se propuso imitar y aprender de ese jefe carismático al que invitó a Alemania, cuando consideró ya que lo había superado, para que viese la grandeza de los nazis. Ese personaje se llamaba Benito Mussolini.

Visto esto, no iría mal que el tal Iglesias, que presume tanto de matrículas de honor y de tanta sabiduría política repasase un poco; un poquito nada más, la historia para tener cuidado con lo que dice y piensa. Pero, sobre todo, debería estudiar filosofía política porque en su absoluta ignorancia y planteamientos infantiles mezcla dos palabras que son agua y aceite: escrache y democracia. Menos mal que le redime su absoluta ignorancia y por lo tanto no podría nunca urdir una ideología como la del fascismo aunque quisiese. Así tomaremos el comentario del escrache como el planteamiento de un crío un poco matón, que quiere someter por la fuerza a los otros que están compartiendo el patio con él. No se me ocurriría nunca acusarle de fascista, pero si de tener una veta un poco de gamberrete de patio de colegio. Y mucho de ignorante respecto a la política, ¿o es que no sabe que Montesquieu lo dijo bien claro: sin separación de poderes la corrupción está asegurada y la política es un campo sin vallar. Así que el remedio está, como siempre venimos diciendo, en la separación y enfrentamiento del poder ejecutivo y legislativo garantizados por una constitución. Y nunca habrá solución en la violencia; porque la violencia se sabe donde empieza, pero nunca donde acaba. Y un pequeño comentario para los que se meten a políticos: no hay nada malo en ignorar, pero a mí no se me ocurriría ponerme a jugar con los átomos haciéndolos chocar entre sí a ver qué les pasa, sin saber nada de física nuclear. No fuese a ocasionar una reacción termonuclear o algo. Así que sin saber, no se metan porque nos fastidian a todos con sus tonterías.

@Parnasillo

El Cascabel al Gato” 15-05-2013

https://youtu.be/wTgaeXiS5eM

1 Comentario

  1. De acuerdo con el artículo. Lo malo es que para ser político no se exige ser físico nuclear, basta con estar dispuesto a chocar átomos. Y así nos va. Por que lo peor es que esos pòlíticos destripa átomos llegan a ser gobernantes. Y así nos va. La historia está plagada de destripa-átomos con la soberbia suficiente para pretender convertirse en los amos del mundo a base de guerras, invasiones, masacres, esclavitud y muertes. Y para colmo, han quedado como héroes. Ejemplos: Alejandro Magno, Gengis Khan, Napoleón… Pero no se encuentra en la Historia el nombre de nadie que haya destacado por ser buen gobernante y que haya mantenido a su pueblo en paz, lejos de guerras e invasiones. No aprendemos nada con los años, con los siglos ni con los milenios.

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