Hoy os voy a contar un pequeño relato a modo de fábula:
         Hubo una vez un reducido grupo de borregos que  consiguieron la bipedestación y chapurrear unos sonidos, como palabras, que repetían una y otra vez, y que sus congéneres entendían a la perfección. 
               La manada como era de esperar los siguió, sin perro pastor ni pastor que valga. Había llegado la hora de hacer las cosas de otra manera y la masa actuaba con fe ciega, hasta el punto de mostrar gran hostilidad cuando en el camino se encontraban, a su paso otras manadas que les veían, llamemos, raritos.
          Pero enfundados en la armadura de la sabiduría eterna continuaron su camino, sin saber el final y si este era posible, pero aquellos sonidos les sonaron a música celestial y allí iban todos exultantes de felicidad. 
             Las promesas eran como el arcoiris y ante tal belleza no se podían resistir y menos meditar en demasía, ya que hablamos de borregos, y hoy precisamente los verás entrando en su paraíso prometido: