Entre los muchos partidismos, trincheras y bandos que se han formado últimamente en España hay un bando la mar de curioso que también ha provocado que nos lancemos piedras los unos a los otros como si nos fuera la vida en ello. Este es el bando del periodismo, al que algunos llaman el cuarto poder. Esta profesión, que en teoría debería ser independiente, es también generadora de conflictos en este país. Como si de equipos de fútbol se tratara, cada español tiene el suyo.

Los periodistas famosos de este país no son, para mi, más que meros intérpretes de un papel por el que cobran mucho, cuanto más odiados o queridos cobran mucho más. Considero que son intérpretes porque cada uno hace el papel que le corresponde, o que muchas veces parece haberle tocado en suerte. El papel es decirle a cada nicho de mercado al que va enfocado lo que quiere oír. Y lo curioso es que ese nicho de mercado, la gente que lo compone, considera que un periodista es más independiente cuánto más le alegre la oreja.

Y eso es algo que los grandes medios conocen y con lo que los grandes medios consiguen sus beneficios. El ABC, por ejemplo, no pretende ser leído por los votantes de Podemos y Público tampoco lo pretende con los votantes del PP. A partir de ahí la idea es hacerse con un hueco más grande en el bando de los partidarios, contratatando a los intérpretes que más piten en ese momento.

Están por un lado los Cintora, los Escolar o los Évole. Mientras por el otro están los Inda, los Marhuenda o los Cuesta. Ellos han conseguido hacerse un buen hueco en el mercado tanto por los que les quieren, como por los que les odian. Sus comentarios y afirmaciones son más o menos creíbles, libres e independientes en función al bando que las escuche o las interprete.

El problema es que el periodismo independiente en España no existe, esta profesión está también supeditada al negocio. Esos periodista capaces de cantarle las cuarenta tanto a los unos como a los otros ya no aparecen en los medios, están defenestrados. Pueden ser generadores de opinión, pueden tener más o menos credibilidad, pero no generan negocio. Porque el negocio está en separar más a los dos bandos, ¿para beneficio de quién? De los que realmente mandan que, gobierne quien gobierne en España, son siempre los mismos. Divide y vencerás.