Son muy curiosos estos extraordinarios investigadores en cuyas manos está la investigación de “Manos Limpias”. Hace un tiempo no se conocía ningún delito de este sindicato, a día de hoy las noticias salen sorprendéntemente a borbotones. Sobre todo desde que decidieron sentar a la Infanta Borbona en el banquillo de los acusados.

Cualquier persona normal que se vaya a enfrentar a una gran institución u organismo del estado tiene que tener algo muy claro, su expediente debe estar limpio porque va a ser revisado hasta las entretelas. Y eso que sucede siempre, sucede mucho más si la imputada forma parte de la extraña familia Real Española. En el caso de “Manos Limpias” no, como son tontos no se les ocurre otra cosa que chantajear a los abogados de la Infanta a cambio de poner fin a la acusación contra ella. Extraño, ¿no?

Ahora toda la izquierda critica a “Manos Limpias”, les insulta y les llama fachas y sindicato de extrema derecha. Pero cuando “Manos Limpias” decidía personarse como acusación particular contra la infanta, por ejemplo, aplaudían obviando a la vez que quienes se jugaban el tipo eran esos “fachas” a los que tanto critican ahora.

Es tan descarada, para mi, la intervención de las cloacas del estado en el asunto de “Manos Limpias” que apesta. Con esto quiero decir que no me creo ninguna de las acusaciones y que para ciertos estamentos del estado generar acusaciones falsas y un historial delictivo es la mar de fácil. Mucho más fácil todavía si cuenta con una opinión pública tan sumamente manipulable como la opinión pública de la que estamos rodeados.

Vivimos rodeados de gente comodona que es incapaz de mover un dedo por nadie y, lo que es todavía más grave, se lo creen todo a pies juntillas; como si fueran borregos. Es bueno recordar que “Manos Limpias”, de momento, ya ha renunciado a la acusación popular contra los Pujol. Si, contra los Pujol, esos contra los que nadie se atreve a enfrentarse tampoco y que van a salir de rositas de todos sus delitos. La infanta, los Pujol, “Manos Limpias” más que delincuentes me parece que eran demasiado incómodos. ¡Despierta España, coño!

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