La verdad es que cuando Pedro Sánchez fue elegido secretario general del PSOE a mi no me sorprendió. Personaje casi desconocido hasta entonces, Nádez era el típico diputado de esos que solo ocupan un escaño durante cuatro años sin abrir la boca, pero que cobran religiosamente como tales. Quizás algún programilla de televisión de esos que ahora están tan de moda y que parecen como el “Sálvame” de los programas políticos. Dependiendo de en qué cadena fuera el invitado Nádez se sentía más arropado, en las de su palo, o algo menos, en las del palo contrario. Había ocupado un buen puesto en Cajamadrid y poco más.

Y es que con ese “poco más”, cualquier socialista puede llegar a ser secretario general del PSOE desde la aparición estelar del gran Zapatero. El ex-presidente dejó el listón tan bajo -y Rubalcaba más todavía- que el nivel que se exigía para la secretaría era ya mínimo. No siquiera era necesario saber hacer la ‘O’ con un canuto, como dejo en evidencia Nádez en más de una ocasión. Y ahí estuvo Nádez mandando poco más de dos años.

Como es habitual en este país, el mediocre, se rodeó de gente mucho más mediocre que él para destacar en algo. Los “más mediocres” que rodean al mediocre siempre hacen la ola cuando aparece el jefe o cuando hay que hablar de él. De bien nacidos es ser agradecidos y estar tan bien colocados, siendo tan conscientes de su propio nivel, es como para hacer la pelota al colocador de por vida.

A Nádez le defenestran por su evidente incapacidad y de primeras salen todos sus secuaces a defenderle, los puestos corrían peligro. Nádez se sentía fuerte, arropado y con ganas de recuperar su trono lo antes posible. Sus secuaces le consideraban el gran líder, todos iban a luchar hasta la extenuación por Nádez, costara lo que costara. Pero, ¿qué pasa? que llegan los nuevos jefes y les dicen: “El que apoye a Nádez pierde el puesto, no sale en la foto. Se queda sin momio”. ¿Resultado? Los mediocres se desinflan, les entra el miedo de perder puestos, tanto, que hasta el más servil, Luena, le abandona.

Hoy Nádez está casi solo, ya no sabe si se presentará a recuperar el trono. Ese es el problema de los serviles, Nádez, que les da igual a quien se sirva si les garantizan un puesto. Hoy lo tienen más asegurado con otros que contigo. Tranquilo Nádez, siempre te quedará el “break dance”.