Cómo cambian las cosas con el tiempo. Cuando yo era pequeño no existían los centros comerciales y si en pleno invierno, con frío y niebla, mis padres me sacaban de casa lo único que hacían era abrigarme mucho, pero salíamos todos los fines de semana. Ahora no, ahora los niños pequeños no pueden salir a la calle en invierno, los niños tienen que ir con sus padres a dar vueltas a un centro comercial porque “en la calle hace mucho frío”.

Los centros comerciales están arrasando con el pequeño comercio de todas las ciudades, los precios son muy competitivos y al pequeño comercio sólo le quedan tres opciones: aguantar, cerrar o unirse a su enemigo alquilando un local en ese centro comercial. Nos gusta a todos la vida del centro de nuestras ciudades, sobre todo en fechas como estas, sobre todo en Navidad, pero es importante recordar algo: quien ilumina el centro de nuestras ciudades y le da vida es el pequeño comercio.

Estamos llegando a un punto en el que sólo se mantienen los valientes en el centro, sólo unos pocos de los pequeños comercios se mantiene a flote pero va a llegar un punto en que cierren todos. ¿Y qué pasará entonces? El problema entonces no sólo será la perdida de vida en el centro de nuestras ciudades, nuestra forma de vida cambiará definitivamente: no nos relacionaremos entre nosotros.

Cuando una ciudad tiene vida en su casco histórico, sobre todo si es pequeña, se genera una especial forma de convivencia en el que te ves con tus vecinos y siempre conoces y paras a hablar con uno u otro. Compartes saludos, compartes parte de tu vida y tus inquietudes con tu vecino, fomentas una especie de unión con ellos. Esa unión se va a perder definitivamente con asuntos como estos, con algo tan simple como el cierre de comercios. Nos desplazaremos al centro comercial en coche y prácticamente ni nos bajaremos de él para hacer nuestras compras y vuelta para casa. Y todo eso mientras duren las compras presenciales, que no será demasiado. En breve todas nuestras compras se harán por internet y no nos moveremos ni de casa para hacerlas, entonces el contacto con el exterior acabará siendo cero.

Todo eso acabará con la poca unidad y empatía que queda ya entre nosotros, con lo poco que nos gusta relacionarnos y con lo mucho que vamos exclusivamente a la nuestra. A pesar de que la pérdida de esa unidad y esa empatía parezca hoy una tontería va a acabar perjudicándonos a todos. Para empezar con respecto a quien nos gobierne, sea quien sea, ya se sabe: “Divide y vencerás”.

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