Es sorprendente donde pueden aparecer los datos personales de cualquier individuo, llama mucho la atención. Se habla mucho de la ley de protección de datos, pero lo cierto es que para evitar que una empresa haga con tus datos lo que le de la gana tienes que firmar, en lugar de tener que firmar para autorizar su uso tienes que firmar para evitarlo. Disponer de los datos de una persona lo hacen todos, mercadean con ellos e incluso hay empresas que se dedican a ello obteniendo suculentos beneficios.

Las bases de datos acaban cruzándose de tal forma que si mañana te compras un coche estoy seguro que al año te llamarán compañías de seguros para ofrecerte la renovación de tu póliza. En estos días, sin ir más lejos, anuncian un producto nuevo perteneciente a ING, un programa por el que trabajes con el banco que trabajes podrás abonar a amigos y conocidos pequeñas sumas, cantidades que siempre se han abonado en mano. Quien se baje ese programa y lo use es, con perdón, medio tonto. Todas las compañías privadas y el estado están buscando que hagamos las menores transacciones posibles en efectivo para cobrarnos hasta por respirar y tener controladas nuestras vidas en todo momento.

Con ese cruce de datos, programas informáticos, ordenadores de última generación la Agencia Tributaria recurre a algo más antiguo que la orilla del río para cobrar, recurre a la humillación y al escarnio público de un listado de morosos. La Agencia Tributaría es consciente en su publicación, además, del nivel intelectual que tiene mucha gente en este país, mofándose de la paja de los demás, mientras su viga permanezca escondida. En el país del “Lazarillo”, del “con IVA o sin IVA”, de los “sinpa” de los bares, de los hurtos de alcohol en los supermercados, la gente es capaz de criticar y humillar públicamente a alguien por salir en una lista de morosos, listas compuestas en su mayor parte por gente que no puede pagar, a pesar de las cantidades o de los nombres.

Como decía aquel “tú rite rite, quel día menos pensado no te veas tú en la mesma, ya verás como te vas dispés a riir”. Lo grave no es que Hacienda publique listas de morosos, que lo es, lo grave es participar del asqueroso escarnio público riendo las gracias cuando tantos tienen tanto que ocultar. Hoy son los de 1.000.000 de euros, mañana será el pobre miserable de cien que, además de su miseria, tiene que sufrir de la humillación pública de tanto tonto

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