“The She-Wolf”
Jackson Pollock

La facilidad de saber que todos tenemos con internet, dándole un buen uso, es impresionante. Yo mismo llevo hoy todo el día haciendo una selección musical después de ver un interesante documental con una más que interesante banda sonora. Nada más empezar a escuchar la música empecé, Shazam en mano, a intentar localizar al autor y autores de esa maravilla musical que aquel programa me estaba brindando. Aparecían, además, paisajes increíbles a los que también podía acceder rápidamente gracias a las maravillosas fotografías que encontré en Google e incluso algún pintor, con cuya obra comparaban esos paisajes.

Es tal la cantidad de información de todo tipo que se puede encontrar en internet, que los que tenemos un cierto nivel de curiosidad por ciertas cosas, no podemos evitar buscar y buscar cada vez más información. Cuando encuentras cierta información sobre gran cantidad de cosas, sobre todo a nivel político, económico o social y que creías eran de una forma y te encuentras con otras versiones distintas, el sentimiento es extraño; hay una mezcla de entre enorme curiosidad y gran decepción. Lo peor es que esa gran decepción provoca que te coloques en un punto de incredulidad, en el que pasas a no creerte absolutamente nada.

Cuando te colocas en ese lado, en el de la incredulidad absoluta, del no creer nunca la versión oficial, de buscar siempre en cualquier asunto otras versiones y otras explicaciones, te sientes raro. Cuesta participar en debates si no estás con un círculo de personas de gran confianza, si no es así, uno simplemente calla y no opina por evitar que alguien te pueda tomar por loco. Me importa bastante poco la opinión de la gente, en general, pero tampoco pretendo que mis ideas se conviertan en el centro del chismorreo en una reunión social. Evito incluso expresarme demasiado abiertamente hasta en mis círculos más íntimos, ya que alguna vez que lo he hecho tímidamente también me han mirado con caras raras.

¿No estaría uno mucho más tranquilo o mejor no sabiendo e ignorando? ¿No vive más feliz y más tranquilo alguien que sólo escucha y lee la versión oficial de todo y no busca más allá? ¿No es mejor vivir en la ignorancia de un animal que no sabe cual va a ser su futuro final que en el conocimiento de quienes si lo sabemos?

Puede ser, pero las ganas de saber son a veces como una especie de droga, empiezas a leer las primeras líneas y ya no puedes parar. Cuando eso sucede y ocurre cualquier circunstancia en el mundo que te rodea ya no escuchas o lees, como quien ve llover, cada mensaje nuevo que recibes provoca una nueva pregunta que casi siempre acaba en una que lo resume todo: ¿A quién beneficia esto? Toda esta búsqueda no tiene ningún límite más que el que uno mismo se marque, o su propia capacidad para asimilar decepciones aguante.

Es posible que haya mucha gente que lea esto y que piense: este tipo está loco. La verdad es que en cierto modo les envidio porque eso es señal que nunca han tenido curiosidad por buscar más allá, aunque sólo sea por saber que hay. A partir de ahí uno es libre de creer según que cosas, o no hacerlo, de creer tener razón o no, de intentar debatir o no hacerlo, pero ni uno está loco ni el otro está cuerdo; aunque es probable que el uno viva más feliz y tranquilo que el otro.

1 Comentario

  1. Impresionante Javier, "Comed del árbol de la vida, sed bestias, sed cerdos, sed egoístas, revolcaos por el suelo alegremente; pero no comáis del árbol de la ciencia, …" Pío Baroja, El Árbol de la Ciencia

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