Estoy seguro que muchos españoles lo recordarán, pero estoy seguro que otros muchos, quizás la mayoría, no sepan ni de lo que hablo. Me refiero al asesinato de la niña de seis años Silvia Martinez Santiago a manos de los asesinos de ETA. El pasado 4 de agosto hacía doce años que había ocurrido su asesinato, hoy Silvia tendría dieciocho años, hoy sería mayor de edad. Su madre, Toñi, ha estado durante todos este tiempo luchando por que se hiciera justicia y no ha tenido nunca pelos en la lengua para decir lo que pensaba y llamar a asesinos y políticos traidores por su nombre.

En una reciente entrevista en EsRadio, Toñi, daba muestras evidentes de hartazgo, que no de cansancio. Se quejaba de la traición sufrida por las victimas del terrorismo durante la presidencia de Zapatero y de la continuación en esa traición que estaba suponiendo la presidencia de Rajoy. Se quejaba del trato de favoritismo que estaban teniendo los presos de ETA. También equiparaba a los etarras con la actitud que estaban teniendo tanto el PP como el PSOE con el asunto del terrorismo.

Toda la razón tiene Toñi, pero hay algo más grave aún, la actitud de una gran parte de la sociedad española, la actitud de sus propios conciudadanos. Si había algo hace años de lo que nadie discutía era el rechazo que ETA producía en la inmensa mayoría de la sociedad española. Ese rechazo generalizado ahora no existe, ahora es un rechazo parcial. Hay una gran parte de la izquierda española que está asumiendo todo lo relacionado con ETA de una forma bastante frívola. Parece que o no recuerdan o no quieren recordar todas las barbaridades que esos asesinos indecentes han cometido y es justificada por algunos con unos supuestos fines políticos.

Es tal la frivolidad que uno de los partidos que está en auge ahora, Podemos, justifica sin ningún tipo de rubor a los asesinos. Hablan de un fin político sin despeinarse y sin que se les caigan los palos del sombrajo y, además, se han situado en la última encuesta del CIS como la tercera fuerza política en intención de voto en España. Si ahora aterrizara un marciano en España y analizara la historia de nuestro país en los últimos años se preguntaría: “¿de que se quejan estos? Se merecen lo que tienen.” Nos estamos convirtiendo en un pueblo sin memoria y absolutamente manipulable. No tenemos remedio.