Era una niña muy pequeña, ¿cuantos años tendría entonces? Cuatro como mucho y acababan de ocupar el piso recién adquirido por su madre. Comenzaban una nueva vida llena de ilusión y también de tristeza. El matrimonio de sus padres no había funcionado, se habían divorciado y su madre había comprado ese bonito pisito de dos habitaciones para estar con su niña. Para quererla, para protegerla y para hacerla olvidar lo antes posible el traumático divorcio de sus papas, era difícil, pero poco a poco seguro que lo conseguiría.

Para eso se había esmerado en elegir la zona y el piso, un piso no demasiado pequeño, pero nuevo, recién construído; bien comunicado con el centro para poder salir de compras con su niña y poder pasar ratos de diversión juntas y sobre todo con esa piscina tan acogedora donde disfrutarían del verano. Era importante recuperar la tranquilidad de la niña, todo lo concerniente al divorcio le había producido una gran alteración y había veces que lloraba demasiado, se le oía patear y gemir y llamar con insistencia a mamá; necesitaba su atención, solucionarlo era cuestión de tiempo, no era demasiado preocupante.

Pero vivimos todos en comunidad, sobre todo en comunidades en las que la aburrida y grotesca vida de algunos provoca que tengan que meterse en la vida de los demás, sobre todo por criticar y por humillar. Esa hija tan revoltosa de la nueva vecina alteraba demasiado sus idílicas y asquerosas vidas y era necesario pasar al ataque, a un ataque anónimo por supuesto, porque esa gente tan mediocre es muy valiente cuando va rodeada de gente, pero solos no, solos necesitan esconderse en el anonimato.

“Las casas son para las personas, no para los potros que molestan a todo el vecindario, como los potros que viven en el 6º…” Creo que la nota no era así literalmente, pero si recuerdo que eran cientos de pequeñas octavillas que ese vecino tan “valiente” dejó en todos los ascensores de la comunidad para atacar a una niña y para hacer sufrir un poco más a su madre. Que agradecida estaba ella cuando llamamos a la puerta de su casa, le enseñamos la nota y le dijimos que contara con nosotros para lo que necesitara, que tenía todo nuestro apoyo y con que cariño nos saludaba la niña todos los días.

Hoy, y después de mucho tiempo sin ver a ninguna de las dos, me he enterado que el “precioso potrillo” tiene que empezar una nueva vida y en el mismo piso, pero esta vez con papá. Mamá podía con todo pero no pudo con ese terrible cáncer y hoy nos hemos enterado que su madre hace dos meses que ya se fue.

Cuanto sufrimiento has tenido para lo pequeña que eres “precioso potrillo”, espero que algún día la vida te devuelva al menos una mínima parte de la alegría que te ha quitado siendo tan pequeña. Lo deseo de corazón y también deseo que de una forma u otra yo lo vea. De los vecinos “valientes” no te preocupes princesa, a los vecinos “valientes” ya les dejaré yo una nota con mi santo y seña a ver si el valiente es capaz de dar la cara.

Que todo lo malo que has tenido en estos años te sea devuelto lo antes posible y con creces, te lo mereces “pequeño potrillo”.

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