Estoy seguro que si a cualquiera de nosotros, gente normal, sin grandes pretensiones, sin más objetivo que vivir lo más tranquilos posibles, se nos planteara una disyuntiva como la que se ha quedado después de las últimas elecciones, el asunto se resolvía en un par de días. Somos personas que pensamos en el bien común más que en el egoísmo del bien de un colectivo, no podríamos hacer nada que nos beneficiara a nosotros y que perjudicara a la mayoría. Tenemos más visión de estado y de colectivo, que la mayoría de los tipos que se presentan a las elecciones y a los que pagamos por ello.

Cuando el pasado Domingo finalizó la jornada electoral lo primero que se me vino a la cabeza fue que la patata caliente la tenían el PP y Mariano Rajoy, pero hoy creo que me equivocaba. El PP ha ganado las elecciones y Rajoy tiene la obligación de formar gobierno, algo que estoy casi seguro que el resto de partidos -excepto Ciudadanos- no les va a dejar hacer. La patata caliente de verdad la va a tener el PSOE y, sobre todo, su Secretario General Pedro Sánchez (el alto y guapo).

Desconozco cuales son las cualidades de Pedro Sánchez, alguna tendrá, pero estoy seguro que la de hombre de estado no es una de ellas. Un hombre de estado es un responsable político que sería capaz de renunciar a algo personal por el bien común, por el bien de todo el estado, no veo a Pedro Sánchez renunciando a nada por el bien de los demás. Pero hay un asunto importante además, detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer y viceversa. La mujer de Pedro Sánchez da la sensación de tener todavía más ambiciones personales que su marido, que ya es decir. Esas apariciones continuas detrás de él, como si fuera su sombra y en todas partes, debates, celebraciones, mitines, así lo demuestran. Esto es, Sánchez no va a ser aconsejado por nadie de su entorno más íntimo para convertirse en hombre de estado, será aconsejado para convertirse en presidente, sin más.

Ojalá me equivoque pero veo a Sánchez pactando incluso con Bildu con tal de conseguir sus objetivos personales. Si finalmente no me equivoco y esto es así, que Dios coja al PSOE confesado, porque sufrir una cosa así después de un Zapatero no hay quien lo aguante.

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