Aprincipio de la obra un feo y jorobado Ricardo pronuncia un impresionante monólogo y la famosa frase:

“Ya el invierno de nuestra desventura se ha transformado en un glorioso estío por este sol de York” anticipando lo que habrá de venir (…) deforme inacabado, enviado antes de tiempo a este mundo; escasamente hecho a medias, y además de eso, tan tullido y desfigurado que hasta los perros me ladran cuando me paro ante ellos (…) Por lo tanto, puesto que no puedo mostrarme como un amante para entretenerme en estos días tan bien descritos, estoy decidido a mostrarme como un canalla y a odiar los ociosos placeres de estos días. He tendido conspiraciones, insinuaciones peligrosas, con ebrias profecías, libelos y sueños, para hacer que… Acto I Escena I

Así de deforme en cuerpo y alma retrató Shakespeare al malvado Ricardo en este monólogo desde la primera frase del primer acto, y que a modo de confesión predice para el espectador dantescas consecuencias sobre los actos y perversas intenciones de Ricardo. Nos prepara para ser testigos de traiciones, asesinatos y un aparente triunfo del mal con la coronación del tirano y donde se suman más crímenes y horrores, pero con una reconfortante justicia poética cuando al final la maldad se halla sola en su última lucha contra el bien. Ricardo III, desesperado y aislado de su ejército medieval, sin nadie que le asista en el fragor de la batalla es derribado del caballo, pierde la corona e implora mientras se bate a pie “un caballo, mi reino por un caballo” antes de morir.

La literatura se graba a fuego en nuestros corazones y luego vemos sus reflejos en la vida real. Cuando ayer asistimos atónitos al esperpéntico espectáculo televisivo del número uno del novel y mediáticamente mimadísimo partido “Podemos” negando histriónicamente la “presunta travesura” de su número dos, Errejón, de si cobra o no cobra indebidamente mostrando y gimoteando con un papelito en mano: “un papel, no había entregado un papel” … Se le olvidó un papel… Me recordó a un Ricardo III clamando “un caballo, mi reino por un caballo” a modo de un caballo de papel, mi reino por un papel; porque son estos detalles, amigo lector, los que muchos captan aún sin haber leído a Shakespeare. El pueblo sabe cuando se le engaña, amenos que esté dispuesto a dejarse engañar. Desde luego, al igual que en Ricardo III, estos dirigentes de podemos nos parecen estar preparando para que la continuación sea una traición tras otra a los ciudadanos; y una corrupción tras otra. Aunque puede que Shakespeare se equivocara y sus personajes solo estaban disimulando su bondad porque resulta políticamente incorrecto mostrarlo en público

Y cuando prosiguió un discurso de la altura intelectual del más simplón improperio contra “la casta” y su eterno mitin de utopías sobre “hay que”, para continuar con su martilleante mensaje victimista sobre la casta que nos está engañando porque no quieren perder sus privilegios, es todo una campaña, etc.; estaba marcando unas señales de alarma que sin conocerlo te hace pensar “que no caigamos jamás en las manos de este vendedor de crecepelo y carreta salido de película del lejano oeste. Preguntarnos ¿Es que nos toman por tontos? No dejaría de ser más que una simple pregunta retórica

Ante tanta calidad intelectual del primero en mando y moral del segundo en dirección uno se pregunta en manos de quiénes están nuestras universidades y nuestros potenciales futuros. Al igual que en el monólogo de Ricardo III no se presagia nada bueno.

En primer lugar, obviar la importancia de un papel como discurso y justificación suena a chiste… no suena a seriedad profesional si el “olvido” encima se utiliza como elemento de victimización. Ni un analfabeto (que además no tiene culpa de serlo) despreciaría jamás (que tampoco) el valor de un papel. Cualquier presentador un poco sagaz hubiese desarmado el discurso victimista de Pablo Iglesias mediante una sola pregunta: ¿Se olvidó también Errejón del papel de banco para cobrar religiosamente cada mes?

Que le pregunten a Bárcenas la importancia de un papel o de un cuaderno de anotaciones, por ejemplo, a un emigrante “sin papeles”. Pero en el fondo el number ONE de la formación no hacía otra cosa que ser una triste correa de transmisión de su segundo en mando. “Joder, no sabéis aguantar una broma: se me olvidó decir que no iría a trabajar (…) que yo trabajo en casa ”. Y se queda tan campante…

Aún y de ser verdad lo que dice Errejón ¿en manos de quienes estamos? Unos que pagan a unos sujetos que ni están ni se les espera en el puesto de trabajo, a quienes nadie controla y ni envían una nota reclamando ese papel. No es cuestión de papelitos. Es que se colapsa todo ante la corrupción o la dejadez más absoluta. En manos de quienes estamos que cuando otros se aprovechan de un sistema que les paga antes de entregar el trabajo sin saber si ese trabajo tendrá o no la calidad suficiente. Uno se plantea si solo a personas con contactos, es decir, casta, pueden darle semejante trato en un sistema corrupto que nadie piensa cambiar, por mucho que pregonen. Además, ya he explicado en otros trabajos cómo el problema es el sistema, antes que las personas y eso no lo tocan ni Podemos ni no Podemos… Como tampoco se lo plantea ningún partido. Todos confluyen en su apego a la partitocracia o por desconocimiento de la democracia o por egoísmo. Aquí, lo importante es conseguir un sillón; y en ello parecen estar. En sumarse a la casta que tanto critican.

Vean, vean… Cantos de sirena…