Una de las consecuencias más terribles que está teniendo esta, ya demasiado larga, crisis económica en España es la tremenda tasa de desempleo entre los jóvenes menores de veinticinco años. Tasas superiores al 50% de paro son absolutamente escandalosas y fuera de cualquier discusión. Nos obsesionamos los padres con que nuestros hijos tengan una preparación académica extraordinaria y resulta amargante descubrir que, a la hora de la verdad, no sirve absolutamente para nada. O no encuentran trabajo alguno, o si tienen la suerte de encontrar algún trabajo no resulta acorde a su preparación, y gracias.

Partiendo de la base que los primeros culpables de esto son los inoperantes políticos, no sólo españoles, también europeos creo que también pueden existir ciertas soluciones que, tanto los jóvenes, como sus propias familias deberían plantearse de forma individual. Y los que somos padres de hijos todavía más jóvenes deberíamos tener en cuenta ahora que estamos todavía a tiempo de reorientar su preparación.

Ha existido siempre en España una mentalidad peligrosa de funcionariado, estudia, prepara oposiciones y, si las apruebas, conseguirás un puesto como funcionario, ya tienes la vida asegurada. Y la segunda, que en mi opinión está relacionada con la primera, haz una carrera, la que sea, por el simple hecho de obtener una licenciatura aunque sea evidente, incluso desde el principio, la falta de salidas que tiene esa carrera en cuestión. Esto ha provocado en los jóvenes una especie de mentalidad de “hasta aquí llego” que no es buena. No se ha fomentado en los jóvenes algo tan evidente como debería ser la simple preparación para la vida, no se busca, se espera a que te encuentren ya que tu estás muy preparado. No hay iniciativa emprendedora, y hasta hace bien poco no había el valor, que nuestros padres si tuvieron, de irse a buscar la vida allí donde pudiera haber más posibilidades.

No es sólo culpa del estado la situación actual de los jóvenes, también lo es de sus familias e incluso de ellos mismos. Nuestros padres eran ya adultos a los veinte años e incluso eran padres ya a los veinticinco. Hoy en día consideramos como un “crío” a una persona de veinticinco años cuando ya debería tener una gran iniciativa individual y debería empezar a tomar sus propias decisiones. Es muy importante una preparación académica, pero es mucho más importante una preparación para la vida. Los padres consideramos que mientras les demos estudios nuestro trabajo ya estará hecho, pero esto no es así. Es importante que haya un arquitecto que diseñe un edificio, pero también es muy importante que haya otras personas que ejecuten el trabajo diseñado, nadie es más que nadie, y mientras esa mentalidad no cambie tanto en padres como en hijos de poco nos servirá que los políticos hagan un buen trabajo. De los políticos no hay que esperar nada bueno y mucho menos que solucionen la vida de nuestros hijos.

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