Parece mentira que a estas alturas de la vida haya que escribir artículos de este tipo, pero es muy necesario. Es tal el afán manipulador y tergiversador de las cosas de mucha gente, que la publicación de un artículo como este parece siempre útil. Hace unos 23 años yo viajaba habitualmente a Cataluña por motivos personales. Nunca tuve el más mínimo problema, todo amabilidad y ningún problema con el idioma excepto en una ocasión. Paseando por Vilafranca del Penedés, creo recordar, vi unos zapatos que me gustaron en un escaparate. Entré a comprarlos inmediatamente, pero ente mi incredulidad los tenderos no me atendieron en español. A pesar de haberles repetido en un par de ocasiones que no les entendía. Yo me quedé con cara de tonto y ellos se quedaron sin venderme los zapatos.

Eso, que entonces fue una excepción, a día de hoy se está convirtiendo en algo habitual. Las comunicaciones son tan sumamente sencillas que para hablar con algún catalán no necesitas viajar, tenemos las redes sociales. Entre la masa independentista habrá muchos tipos de personas, no lo dudo, pero me parece algo más que casual que a mi siempre me toquen los mismos. Gente que ante algún comentario en español contestan y rebaten en catalán. No, a mi no me parece mal que se hable en catalán, pero si quieres hablar con alguien que no lo habla y tú además dominas su idioma, el español, me parece más que lógico que la conversación se desarrolle en ese idioma. Continuar haciéndolo en catalán me parece un signo de muy mala educación y, sobre todo, de cobardía. Me da la sensación que les da miedo que les entendamos.

Después vienen las manipulaciones y las tergiversaciones, que esas ya son un lenguaje universal. Esas son las de que no les dejamos expresarse en el idioma de su país, que buscamos la aniquilación del catalán, que España les roba y que no hacen más que sufrir. No queridos, es algo mucho más simple que eso, es utilizar el idioma y el lenguaje para entenderse, para acercar posturas y no para separarlas. Y algo mucho más grave todavía, buscar la no comunicación a traves de la primera herramienta de comunicación que es el propio lenguaje.

Tergiversar y manipular lo sabemos hacer todos. Pero la mayoría no lo hacemos, no por falta de ganas, por no saber y tener mucha más vergüenza de los que sois auténticos profesionales de ello.