El concepto actual de democracia formal no surgió por generación espontánea, sino que fue el fruto de un elaborado y trabajoso proceso intelectual durante siglos, y que según Tocqueville seguirá evolucionando. Y es un tema sobre el que existe una gran confusión.El error más generalizado por parte de los ciudadanos viene ante el convencimiento de que por el simple hecho de ir a votar periódicamente ya tienen garantizada la democracia; pero desconocen lo principal: sin que sus representantes surjan directamente desde la sociedad civil la democracia no existe. En esta situación de engaño o desconocimiento los votantes no son conscientes de que carecen de representación (nadie les representa); los falsos representantes del pueblo tampoco tienen representatividad hacia nadie, a menos que consideremos que sí recogen lo que quiere su  jefe de partido. Precisamente el mismo jefe de partido que los ha incluído en las listas garantizándoles según orden de importancia la posibilidad de ocupar un sillón en el Congreso. Y mucho menos los votantes percibirán que tampoco es posible el siguiente eslabón garante de democracia: la separación de poderes.

El segundo error generalizado es la profunda confusión existente entre los conceptos de democracia y voto. Voto no implica la democracia; en cambio, la democracia sí implica el voto. Pero el voto para escoger representantes. Esta confusión no solo se refleja en los programas de los partidos sino se mantiene en todos los medios. Pues bien, con la serie de normas que estructuran representatividad y separación de poderes nos referimos a la democracia: la democracia son normas para embridar al poder y éstas deben reflejarse en la constitución de los países.  Sin una constitución que recoja solo el reglamento de la separación de poderes resulta imposible después la separación entre legislativo y ejecutivo, porque diputados y partidos son fagocitados por el Estado al depender todos los diputados de disciplinas de votos hacia sus jefes de partido y no hacia los ciudadanos.Entonces, si queremos democracia, a los representantes de los partidos habría que sustituirlos por representantes de los ciudadanos. Ese sería el primer paso hacia la democracia, A saber: habrá un diputado uninominal (uno por distrito) con mandato imperativo y revocable; uno cada cien mil habitantes, pagados directamente por los representados (ciudadanos) a través de los colegios electorales sería indefectiblemente el primer artículo de la normativa básica para conseguir la representación de los ciudadanos en la cámara baja. A este representante no lo propondría un partido en unas listas por un jefe de partido, sino que el elegible se presentaría en su distrito para defender unas propuestas concretas en el Congreso de Diputados. Y este elegible podría pertenecer o no pertenecer a un partido. El mandato imperativo significa que si los ciudadanos de ese distrito electoral deciden, digamos, no importar naranjas de otro país; o no hubiesen querido entrar en el Euro, ese sería el programa a defender por su representante en la cámara, independientemente de la postura del partido o del jefe de partido. Y el adjetivo revocable implicaría que si el representante cometiese una deslealtad, podría perder su cargo y ser sustituido por otro si los ciudadanos así lo decidiesen en cualquier momento; no al final de la legislatura.