Siempre he dicho desde aquí que la mayoría de los “días universales” que existen me parecen auténticas bobadas. Eso de tomar conciencia durante un día que el cáncer de mama o cualquier otra enfermedad son terribles me parecen auténticos buenismos absurdos calma conciencias. Llega cualquiera de esos días y la gente se dedica a expresar lo malo, o lo bueno que es, lo que se celebre en ese “día mundial de”. Pero esto todavía calma más conciencias desde que existen las redes sociales. Nuestra solidaridad acaba en el momento en que escribimos un texto “a favor de” o lo compartimos. Como aquellos de “comparte sí tus hijos es lo que más quieres del mundo”.

Y digo todo esto en día mundial del niño. Sobre todo cuando la gente cree que todos los niños que sufren se encuentran en alguna aldea perdida de Africa o, como mínimo, a miles de kilómetros de su casa. Los niños son la parte más débil de nuestra sociedad y la que más debemos proteger sin esperar a ningún día especial. Pero esta sociedad los deja de lado y no se preocupa por su situación porque todos tenemos niños que sufren a nuestro alrededor a los que no se les hace ni caso. Niños que son maltratados por sus padres, niños que son maltratados por sus compañeros de clase o niños a los que simplemente no se les toma en cuenta.

Han sido muchos los casos que hemos conocido últimamente, por ejemplo, de niños acosados y golpeados con saña en el colegio a los que ni la justicia ni sus colegios han protegido debidamente. Nosotros, como sociedad, si tuviéramos lo que hay que tener habríamos puesto el grito en el cielo por estos casos, solo se ha hecho mientras la noticia ha estado vigente en nuestras mentes, después nos hemos olvidado de ello.

Pero lo más grave del caso es cuando los mismos que defienden que el niño debe ser protegido, no lo hacen mientras está en el vientre de su madre e incluso justifican su asesinato, en función a unos supuestos derechos de la madre. Es decir, prevalece el derecho de un adulto sobre el ser más débil que hay, el niño no nacido. Porque a fin de cuentas eso que está dentro del vientre de su madre no es ninguna cosa rara, es un niño acabando de formarse. Justificar entonces su asesinato es lo más simplista que existe porque no es más que un “ojos que no ven, corazón que no siente”. Curiosa esta sociedad con esta moral tan moldeable en la que vivimos, curiosa y asquerosa.

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