Me ha hecho mucha gracia una noticia que venía publicada en “El Mundo Today”: “Jazztel crea el departamento de forro de los cojones para tramitar las quejas de sus clientes”. Y es que, aunque esta noticia sea de broma y de cachondeo, para reírnos un poco, es una verdad como un templo. Quizás sea Jazztel, a los que todos hemos sufrido alguna vez en la vida y de quien precisamente he escrito hace poco, un caso extraordinario, pero en el resto de las grandes empresas el departamento de atención al cliente se debería llamar igual.

Y es que da igual que la compañía afectada se llame Movistar, se llame Iberdrola, se llame Banco Santander o BBVA, se llame Gas Natural o se llame como se llame; cuando te coge el teléfono su departamento de atención al cliente parece que te lo cogen haciéndote la peineta directamente; sólo les falta decirte lo que dicen en “El Mundo Today”: “disculpe, lo que me está contando me importa una mierda y me lo paso diréctamente por el forro de los cojones, adiós y que le den mucho por ahí.”

No critico a los empleados que cogen el teléfono, aunque hay algún que otro gilipollas que parece que la empresa es suya y que a cambio de cuatro pesetas defiende lo indefendible, son las empresas las que dan asco pagando, además, a ese personal auténticas miserias. Resulta que ese tipo de empresas son empresas gigantesca que deberían servir como ejemplo, pero quien da verdadero ejemplo siempre de atención al cliente es la pequeña empresa.

Es una pena, pero en la España de hoy en día cuando estás contratando con cualquiera de estas empresas siempre piensas: “a ver cuanto tardan en darme problemas”, y cada vez tardan menos y te hacen menos caso. Son, además, tan cutres que incumplen continuamente sus compromiso y te la intentan colar siempre con cantidades ridículas; claro que dos euros colados todos los meses a millones de usuarios son muchos euros al año, ¿a que si chorizos?