Sobre la salud o no de la democracia con el asunto Forcadell será la cuestión central tratada en las portadas y las páginas interiores de la prensa de hoy. Unos medios en contra y otros a favor discuten las razones que defiende cada postura. Es lo natural. Respecto a Cataluña, no tienen más que ver el vídeo para darse cuenta del baño de nacionalismo y puro sentimiento que los medios afines trasmitirán estos días al pueblo catalán. Daremos a nuestro análisis un carácter algo distinto que esperamos capte su curiosidad. Lo analizaremos desde el punto de vista de la ciencia política. Y la ciencia no entiende de sentimientos ni se decanta hacia un lado o hacia otro. Simplemente es objetiva.

La primera pregunta que nos plantearemos no será cómo nacieron y se desarrollaron estos nacionalismos. Ello entra en cuestiones muy profundas de filosofía política y de historia. Lo que sí vamos a contestar es por qué han llegado al punto en el que estamos. Es decir, iremos a la causa. Tal causa produce este efecto. El efecto son las noticias que están en portada hoy.

Bien, siguiendo una cadena de causalidades, y como una pregunta lleva a otra vamos a ello ¿Por qué algo así es impensable en EE. UU. o Francia? La respuesta es más simple de lo que parece, y no va en función de la potencia militar del país. El poder de los presidentes de EE. UU. y de Francia es inmenso; y ese poder nunca lo ha ejercido ningún  presidente de España, a menos que cambie el sistema político. Suponemos que Vds. se quedarán muy extrañados  por esta aseveración. Y se preguntarán, ¿es que en España los presidentes tienen menos poder? Al fin y al cabo los tres países están en una democracia.

El salto a la siguiente pregunta es ya imparable ¿Por que el poder del presidente de EE. UU. es mayor que el del presidente de España? La respuesta ´sigue siendo simple. El presidente de EE. UU. ha sido elegido y nombrado directamente por los ciudadanos en el juego de mayorías y minorías. Por lo tanto, dicho presidente representa a los ciudadanos de EE. UU. Además, en caso de deslealtad puede ser revocado del cargo. Es lo que se llaman “impeachment”. Se han dado casos, como el del presidente Nixon, en los que el pueblo ha ejercido ese derecho. En EE. UU. hay separación de poderes con un reglamento recogido por la Constitución. Una constitución que puede ser objeto de enmiendas en cualquier momento, como así ha sido. Todo ese conjunto da al presidente un poder inmenso. Es tanto el poder de un presidente de los Estados Unidos que a nadie se le pasa por la cabeza ni un conato de secesión, porque si así fuese, goza del suficiente poder como para mandar a la guardia nacional a poner orden, Y el pueblo espera, además, que actúe así. Sin dudarlo un segundo.

Así que lo nacionalismos constituyen una casuística que no pueden tener lugar en una democracia. A ningún francés se le ocurrirá hacer algo parecido a lo que han llevado a cabo el Sr. Mas y la Sra. Forcadell. De ser franceses ni se les hubiese pasado por la cabeza semejante idea. De ser Franceses vivirían también en una democracia.

La situación de la Sra. Forcadell y del Sr. Mas es totalmente distinta. No viven en una democracia. Viven en una partitocracia. Esto quiere decir que, en este caso, el presidente del Gobierno Sr. Rajoy hizo una listas. Los de las lista, los diputados, fueron al Congreso sin ser directamente elegidos por el pueblo. Y después esos mismos diputados que él nombró lo eligieron a él como Presidente. Las leyes las dicta el gobierno con el beneplácito de quienes están disfrutando de las prebendas de tener un asiento en la cámara baja. Como el pueblo aquí ni pincha ni corta, el Sr. Rajoy carece del inmenso poder que podría tener en el de una democracia. Al no tener ese poder surgen los populismos, los Mases y las Forcadella. Así de simple es la cuestión. La verdadera representación lo es todo. Se vota en los sistemas parlamentarios, en los sistemas partitocraticos, so votó con Franco y hasta Hitler montó varios plebiscitos. Votar no significa democracia. Cada sistema tiene sus pros y sus contras. Eso no quita que en el Diestro soñemos con una democracia.