Me resulta muy graciosa la jornada anterior a la de las elecciones, esa que se llama “jornada de reflexión”. La jornada de reflexión se debería llamar jornada de hacer algo que no hace nadie, reflexionar. No somos los españoles, en general, gente que reflexionemos demasiado las cosas, mucho menos reflexionamos un voto porque el voto mayoritario es el que se realiza o con el estómago, o con el corazón, nunca con la cabeza.

Bajo mi forma de ver las cosas, si reflexionáramos nuestro voto es probable que personas como Felipe González no habrían gobernado tantos años o personajes como Zapatero no lo habrían hecho nunca. Los candidatos son votados, en su mayor parte, por motivos totalmente ajenos a la razón, a veces incluso por pura rutina y costumbre, como el caso de González, que ya he citado anteriormente.

Cuando el voto se realiza con el estómago, como sucedió con Zapatero, elegido después del atentado más grave de la historia de España, las consecuencias se pagan, nadie quiere recordarlo pero es así. Como nuestra memoria no llega casi nunca más allá del día de ayer, como mucho, nos olvidamos que las consecuencias que hoy pagamos son errores anteriores, en este caso el error de elegir a un personaje como Zapatero.

En esta jornada de reflexión hay mucha gente que duda, pero hoy en realidad la mayoría no está reflexionando su voto, la mayoría lo tenemos claro pero pocos lo decimos. Unos votarán con la cabeza, otros seguirán votando con el corazón, es probable que muchos otros lo hagan con los pies,pero para los que lo van a hacer con el estómago un simple mensaje: blanco y en botella, leche toda ella. Si alguien defiende a la encubierta dictadura venezolana, si alguien se financia de la encubierta dictadura venezolana, si alguien aplaude los encarcelamientos de la oposición de la encubierta dictadura venezolana, ese alguien no es un admirador de la socialdemocracia del norte de Europa, es un simple chavista.

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