El
encaje catalán, desde hace años, mueve ríos de tinta y, a pesar de ello, sigo
sin comprender bien qué es lo que se debe encajar, quién ha decidido que sea
eso y no eso otro, en nombre de qué y de quién se hace, qué intereses se
defienden y de quién, etcétera, etcétera, etcétera.
No
sé si se trata de encajar los intereses de quienes luchaban contra el
franquismo en defensa de la lengua y de la cultura catalana con los de aquellos
que, coincidiendo en el adversario, luchaban en defensa de los derechos de la
clase obrera. O si se trata de encajar los intereses de los obreros inmigrantes
de habla castellana por la histórica explotación sufrida de manos de
empresarios catalanes.
Tal
vez se trate de encajar a los castellano hablantes que gritaban llibertat,
amnistia, estatut d’autonomia con los catalanes que ahora les niegan su lengua
hasta para rotular sus comercios. De encajar a quienes aprendieron catalán con
los que no dejan hablar castellano en las escuelas de sus hijos o nietos.
O
tal vez se trate de encajar a Otegi con la víctimas de Hipercor, o a TV3 con la
pluralidad informativa, o a Carmen Forcadell con la imparcialidad política, o a
la familia Pujol-Ferrusola con la ejemplaridad fiscal, o al 47% con el 53%, o
al Parlamento catalán con el respeto a la ley, o a la insurrección con la
democracia, o a la realidad con la ficción.
¿Ustedes
lo saben? Si es así, cuéntenme eso del encaje catalán.
José SIMÓN GRACIA
www.josesimongracia.es