La Guerra siempre es condenable pero no en si misma, sino principalmente, por las causas que las provocan y la destrucción que acarrea.

Desde que el hombre es hombre (e incluso cuando no lo era), la Guerra nos ha acompañado y sin ella no seríamos lo que somos, ni en lo bueno ni en lo malo.

Desde que nos erguimos sobre dos patas, los clanes familiares nómadas luchaban entre sí cuando coincidían, competiendo por los escasos recursos de caza o recolección y por las hembras a las que el clan vencedor, incorporaba a su tribu, evitando con ello una excesiva cosanguineidad que hubiera extinguido nuestra especie.

Poco a poco fuimos creando asentamientos estables basados en la agricultura y la ganadería, lo que permitió acumulaciones de riqueza y el inicio del comercio.
Tanto las rutas comerciales como las Ciudades que controlaban esas riquezas eran codiciadas por foráneos,  generando nuevas Guerras.

Los botines obtenidos (riquezas, alimentos, territorios, esclavos, mujeres,…), permitieron acumulaciones mucho mayores que fueron germen de las primeras Grandes Civilizaciones y con ellas las primeras Grandes Culturas.

Estas Grandes Civilizaciones se mantenían pujantes gracias a la expansión territorial, mediante colonización de zonas deshabitadas o mediante la ocupación violenta de zonas habitadas, siendo la Guerra el motor de estas Civilizaciones y la forma de dominio sobre la propia Población.

Llega un punto en que esa expansión supone el choque con otras Civilizaciones con grados similares de evolución, lo que provoca que la Guerra cause destrucción de estructuras culturales y civilizadoras y la pérdida de Patrimonio.
Pero esto en lugar de suponer un empobrecimiento del progreso humano, supone un impulso, pues de cada destrucción surge un ansia de reconstrucción de lo destruido que evita que la Humanidad caiga en la molicie.

Puedo seguir hablando del paso de Civilizaciones a Imperios, de Imperios a Reinos, de Reinos a Naciones, de Naciones a Colonialismo, de Colonialismo a Bloques, de Bloques a Globalización y de Globalización a Nuevo Orden Mundial.

A lo largo de toda la Historia la Guerra nos ha acompañado, siendo el motor que ha empujado a la Humanidad con sus ciclos de progreso y destrucción.

La Historia del Mundo, la Civilización, la Cultura, las Razas, el Arte, la Filosofía, la Ciencia, la Tecnología, el Comercio,… y hasta la Religión, todo está íntimamente ligado a la Guerra y sin ella no se entenderían, o ni existirían.

No hay actividad humana que mueva tantos recursos y tantas energías como la Guerra.
Nada impulsa tanto la creatividad humana como la destruccion.

Antes de apuntarnos a lo políticamente correcto y gritar el simplista “No a la Guerra”, deberíamos meditar porque y como surgen las Guerras y cuales son sus efectos, no sólo los negativos. 

Conociendo la dinámica de la Guerra, podremos pensar un recurso que acelere el progreso de la Humanidad sin recurrir a la destrucción.

Por ejemplo la colonización de nuevos Mundos, siempre y cuando el Universo sea lo suficientemente grande para que no choquemos con los Alienigenas y tengamos que retomar nuestra esencia guerrera e invasora.